Señora del cielo,
permite esta noche
que a tus pies cantemos
sencillas canciones.
Haz que nuestros labios
alegres te colmen
de mil parabienes
y mil bendiciones.
Llevando a tu lado
tu santo consorte.
A Belén llegasteis,
ciudad de los nobles.
Los hombres que os veían
humildes y pobres,
desprecian, ingratos
la gloria del orbe.
De Belén no lejos
hay un portal donde
encierran ganados
los tristes pastores.
Y en suma pobreza,
a la media noche
pariste aquel Niño,
Eterno Dios y hombre.
Los ángeles todos
cantaban acordes
-gloria a Dios en el cielo
y paz a los hombres.
Pieles de cordero
que abrigan, le ofrecen,
y miel u manteca
y frutas y flores.
¡Oh Virgen hermosa,
Madre de Dios hombre,
Oh reina de cielo,
Oh, sol de los soles!
Haz que repitamos
sin cesar tu nombre;
haz que la pureza
siempre nos adorne.
Aquí te ofrecemos,
Señora, estos dones,
para tu grandeza
demasiado pobres.
Para el señor cura
las pascuas mejores;
que muchos años,
felices, las goce.
Adiós, Virgen pura,
con esa tu mano,
dad la bendición
al género humano.