
José y María buscan albergue para el Mesías que va a nacer. Tiende la noche su negro velo y a Dios no quiere reconocer. Ven, Niño, a mi corazón, que, aunque pobre, es tu morada; que, si no encuentras mesón, yo quiero darte posada. La Virgen llama de puerta en puerta y le responden que no hay lugar. Viene a los suyos; el hombre ingrato a Dios no quiere reconocer.
