José y María buscan albergue 
para el Mesías que va a nacer. 
Tiende la noche su negro velo 
y a Dios no quiere reconocer. 

Ven, Niño, a mi corazón, 
que, aunque pobre, es tu morada; 
que, si no encuentras mesón, 
yo quiero darte posada. 

La Virgen llama de puerta en puerta 
y le responden que no hay lugar. 
Viene a los suyos; el hombre ingrato 
a Dios no quiere reconocer.