Venid acá, pastorcitos, 
paso a paso acá venid;
entonemos dulces cantos,
que ya el Niño va a dormir.

Duerme, Niño, arrullado a los ecos
de mi lánguida y dulce canción,
duerme, Niño, al compás que te llevan
los latidos de mi corazón.

Si te falta una cuna mullida
en el pobre portal de Belén,
yo haré, Niño, que seas mecido
de mis brazos al suave vaivén.