Era una tarde de primavera,
visitaba un triste hospital,
iba a ver a un amigo querido
que moría de tisis fatal.
Y al entrar en la sala mis ojos
se fijaron en él con dolor,
y vi que moría mi amigo querido,
tísico de amor.
-Yo la muerte la siento y la siento,
y agobiado me veo acabar,
y la tumba me espera y me espera
y es la causa de yo tanto amar.
Ay, que son las flores mi única alegría,
y ellas me recuerdan lo que me decía:
ojos de azucena, labios de clavel,
jardín delicioso y aromas de miel.
La niña comprometida contra su gusto
Una niña en Penaflor se ha ausentado de sus padres
el catorce de septiembre a las cinco de la tarde.
Con mucho dolor, se ausentó de casa;
en casa su tía a contar lo que pasa.
-Mire usted, querida tía, los ratos que estoy pasando;
me quieren amonestar por la Virgen del Rosario.
Su tía la dice, con mucho cariño:
-No vayas a casa, quédate conmigo.
Es preciso tener gasto para celebrar la boda,
convidar a la familia y matar una machorra.
Y para refrescos también hacen falta
confite y almendras, que ya están en casa.
Al otro día siguiente, la familia determina
para celebrar la boda con el que ella no quería.
Pero él, vigilante, por disimular:
-Me falta la novia, que se ha vuelto atrás.
Pero él, machacante, a su casa vuelve,
por ver si a sus padres convencerles puede.
-No me convencen los padres, aunque tienen muchas leyes,
sólo me convence un chico que es de los Carabancheles.
Y el ultramarino se muere de pena
por ver que a su hijo calabazas lleva.
Mocitas que me escucháis, si llegáis a pretender,
pretender por el amor, y no por el interés.
Pues ya veis el caso que a mí me ha ocurrido,
después de hacer gasto, me veo aburrido.
Doña Josefa Ramírez o La vengadora de su novio
A la que es madre del Verbo, María y Señora nuestra,
le pido humilde y postrada, me dé gracia con que pueda
referir a mi auditorio la más infausta tragedia
del infortunado caso que sucedió a una doncella.
Pongan atención señores: En la ciudad de Valencia
nació de muy buenos padres la hermosa doña Josefa.
Apenas cumplió esta niña dieciocho primaveras,
muchos galanes la rondan sus celosías y puertas.
Entre tantos pretendientes /'adoraba muy de veras
un principal caballero, don Pedro de Valenzuela.
Al fin le escribió un billete con sus rendidas ofertas,
mas la dama muy discreta le dijo d'esta manera:
«Ya sabéis como en mi casa soy la única heredera,
y hallo imposible, señor, que mis padres me concedan
que yo con usted me case, mas esta noche a la reja
de mi jardín os aguardo a eso de las diez y media.
Dios os guarde, caballero, quien os estima y venera.
Doña Josefa Ramírez, como humilde esclava vuestra».
(A la cita vienen unos caballeros y le matan. Ella se venga.)
Mañana a la noche habrá una función muy buena
en casa de don Juan Mansilla, porque en su casa se hospedan
dos famosos caballeros naturales de Valencia
y quieren regocijarlos, mas no quieren que se sepa,
porque en Valencia mataron un hombre de grandes prendas.
Tente, imprudente lengua, que no sabes quién te escucha,
porque si sabes quién te escucha, nunca estas cosas dijeras.
(Ella les mata a espada.)
[ ... ] -Que habiendo muerto mi amante,
poco importa que yo muera. Sabed, soy doña Josefa,
aquella a quien agraviasteis en la ciudad de Valencia,
y vengo a toma( las demandas por don Pedro Valenzuela.
Juan y Adela
Juan y Adela se cortejaban,
y hacía cinco años que ellos se amaban.
Juan la quería, ella le amaba;
él, como era un tunante, la engañaba.
El día de su santo la regaló
un corte de vestido de gran valor.
Y por la noche que cortejaba
/a dio un collar de perlas que tanto amaba.
El domingo siguiente fue a cortejar,
pero Juan no tenía ganas de hablar.
-lQué tienes Juan, que estás tan triste?
Si es que tú no me quieres, pues me lo dices.
-Ya no te quiero, no, que quiero a otra
que mis ojos han visto, y es más hermosa.
-Márchate, Juan, tú eres mi muerte;
ya siento sudor frío sobre mi frente.
Su madrecita, la viejecita, la ha cogido en sus brazos,
y hacia la cama la llevaría.
-iQué clara está la noche, cuántas estrellas,
ábreme la ventana que quiero verlasl
-No, hija mía, no, que estás enferma,
y la luz de la noche dañarte pueda.
-Qué oscura está la noche, los rondadores
andarán de cortejo los mis amores.
-Calla, hija querida, no digas eso,
arrima a mí tu cara, te doy u n beso.
-Coge una silla, ponte a mi lado,
que antes de morir quiero darte un encargo.
Si viene Juan a verme después de muerta
no le dejes que pase desde esa puerta.
Y si pasara, y si pasara,
no le dejes que bese mi linda cara.
Vendrán todas las mozas menos Dolores
a poner en mis andas cintas y flores.
Sin ella vendrán todas al cuarto mío
a besar mi rostro pálido y frío.
Y de mortaja me eche la ropa toda,
que tenía preparada para mi boda.
Después de amortajada, aquí en mi cuarto,
quítame los corales que Juan me ha dado,
para que crea, para que crea
de que he muerto queriéndole cuando me vea.
Madre querida, de mis amores,
a mí sólo me basta que tú me llores.
Madre querida, madre, si muero,
yo sin besar tu cinta marchar no quiero.
Dices a Juan que le perdono,
que viva muchos años en matrimonio.
A las seis de la tarde se puso grave,
y al otro día siguiente ya era un cadáver
En la iglesia mayor tocan a muerto;
Juan le dice a Dolores: -Nena, lqué es esto?
-Es por Adela, tu amor primero,
es por tu amiga Adela, que ya se ha muerto.
-(Quién lo pensaba, quién lo creía,
que por mi culpa Adela se moriría?
A las tres de la tarde pasó el entierro;
Juan que estaba a la puerta, se metió dentro,
y sacando el pañuelo se arrodilló
delante de un retrato que ella le dio.
Allí lloró, allí rezó,
delante del retrato que ella le dio.
Después dejó el retrato y fue al cementerio,
y todo el camino iba llorando, iba diciendo:
-Ya no te quiero, Dolores, ya no, mi nena,
que los amores míos, fueron p'Adela.
Toda la gente marcha del cementerio.
Juan, que estaba a la puerta se metió dentro.
Sale el sepulturero compadecido,
y al ver a Juan a la puerta así le ha dicho:
-Márchate Juan, déjala muerta,
que los restos de Adela son pa la tierra.
-Adiós, mis lirios y mis cipreses;
adiós, Adela mía, adiós pa siempre.
-Adiós, mis lirios, mis azucenas,
hasta que un día, en el cielo, allí te vea.
Pide a la Virgen, Adela mía,
que me lleve a mí pronto en tu compañía.
Ya por la tarde Juan se moría;
las campanas del pueblo ya las tañían.
Mirad, mocitos, moza soltera,
quereos siempre bien, como yo a Adela.
Justinita y Redondo
Estaba la Justinita con su Redondo a la puerta;
pasó por allí su padre, la trató de sinvergüenza.
Oh, iqué padre tan cruel! iOh, familia tan ingrata,
que antes de morir su hija, la están haciendo la cajal
La caja era de cristal, los adornos de madera,
que se la hizo Luciano, sin que su padre le viera.
Ya se murió la Justina, la de los ojitos negros,
la que tenía por novio, al mejor mozo del pueblo.
Al entrar al cementerio, Luciano besó la caja;
la ingrata de su familia, la dio siete puñaladas.
Siete puñaladas tiene, y las siete son de muerte.
-Si no me muero esta noche, mañana pasaré a verte.
La intimidadora
Era una tarde d e mayo, cuando el sol ya se ocultaba.
Joselito con Manuela, llenos de amor, paseaban.
La dice: -Mujer hermosa, te tengo un loco querer,
me vas a entregar tu amor; yo nunca te olvidaré.
Pobre Manuela inocente, no debía de saber,
que, en perdiendo la pureza, se la odia a una mujer.
Desde aquel mismo momento, que su pureza entregó,
el amor de Joselito para siempre se acabó.
Es la edad de entrar en quintas y a Burgos viene José,
muy bien preparado y visto, sin pensar en su querer.
Pero en cuanto ella se entera, porque no faltan espías,
que José con dos soldados de vigilancia salía.
Entonces ella se prepara, roba en casa una pistola,
y a buscarle va por Burgos por ver si le encuentra a solas.
-Joselito, Lno te acuerdas, de la noche que decías
«no desconfíes, Manuela, que has de ser esposa mía»?
-Y si conmigo no otorgas, juro que te mataré;
como tú me deshonrastes, así yo me vengaré.
Oh, vanidad de mujer, tu corazón no es cristiano,
vas a buscar a los hombres con la pistola en la mano.
El hijo abandonado y vuelto a reunir con su madre
Una encantadora joven sostenía relación
con un chico postinero que adoraba su pasión.
Al conseguir sus favores, al ver qu' encinta quedó,
trataron de casamiento, pero aquel infame huyó.
Y ella, muy apurada, por fin ya se quedó
llorando desconsolada, porque la honra perdió.
La pobre así decía: -Qué triste porvenir.
[Qué dirá de mí la gente? Yo de vergüenza voy a morir.
Ha pasado cierto tiempo, luz a un niño hermoso dio;
le ha cogido entre sus brazos, y hacia el monte lo llevó.
Se lo dejó en un barranco, envuelto con un pañal,
ocultando su deshonra, esta madre criminal.
Cuando al siguiente día, un pastor que pasó
por aquellas cercanías y a un niño llorando oyó.
Allí, a darle auxilio, emocionado vio
de que era un recién nacido, y hacia su esposa se lo llevó.
El pastor, con alegría, pronto a su casa llegó,
y a su esposa idolatraba y aquel niño la entregó.
Y a la parroquia lo llevan, llenos de gozo los dos,
bautizando al pobre niño, que en sus manos puso Dios.
Cuando llegó a ser mozo, los padres con dulzura,
le dicen si estudiar quiere para carrera de cura.
Le han dado los estudios, loando su intención,
cuando a los veintidós años, llegó a ser cura de la población.
Cuando un día, inesperado, en la iglesia penetró,
tristemente una señora, y al confesor se acercó.
Se arrodilló en el momento; el padre la preguntó:
-Dígame usted sus pecados, para que /'absuelva Dios.
-Padre, tengo una pena, padre, tengo un dolor
y la conciencia me dice, que he sido una criminal.
Hace veintidós años, un hijo abandoné;
no sé si es vivo o si es muerto, y en un barranco allí lo dejé.
Quedó el padre trastornado, sin aliento y sin color;
al oír lo confesado, creyó morir de dolor.
35 -Usted debe ser mi madre. Por lo que se explica usted,
quiso Dios que yo encontrara, la madre que me dio el ser.
-Hijo de mis entrañas, hijo del corazón,
por ocultar mi deshonra, hice yo tan mala acción.
-Madre, yo la perdono, porque comprendo yo
que la culpa no fue suya, sino del hombre que la engañó.
La muchacha engañada
A la edad de quince años,
cuando yo te conocí,
me pediste relaciones,
y yo te las concedí.
Pedí permiso a mis padres
y me dijeron que no,
más, como yo te quería,
de los dos hice traición.
Pero ahora ya recuerdo
los consejos de mis padres,
porque me veo deshonrada
y sin consuelo de nadie.
Me deshonraste a mí
y a todita mi familia,
y para mayor dolor,
me dejaste una niña.
Las ventanas de tu alcoba
me están diciendo que suba
a dormir contigo en cama
y a gozar de tu hermosura.
La novia abandonada y vengadora
Una joven humilde y hermosa,
de un joven, ciega se prendó,
y decía con grande locura:
-Ha sido la causa de mi perdición.
Él la decía: -Mi prenda dorada,
yo sin ti no podía vivir,
pues prefiero mil veces la muerte
antes que algún día apartarme de ti.
Y aquella joven humilde y hermosa,
después de conseguir su ilusión,
a ella la pobre y él abandonaba,
y aquella mocita sin honra quedó.
Y sus padres al ver que enfermaba,
su padre a un médico la llevó.
Y el médico a su padre le dice
que estaba en estado y enferma de amor.
Desde entonces, sus padres
la tratan con desprecio, con odio y rencor,
porque dice que fue la deshonra
de la casa humilde del trabajador.
Así fueron pasando los días,
de martirio, de pena y dolor,
hasta que una noche muy silenciosa,
y aquella mocita una niña a luz dio.
Y su padre la echaron de casa,
y aquella mocita sin honra quedó.
Fue caminando por montes y caminos,
hasta que por fin llegó a la
puerta del traidor,
y llamando a la puerta del malvado
y una perra gorda a la pobre la dio.
-Caballero, no pido limosna,
lo que le pido a usted es, por favor,
que me escuche estas pocas palabras
que voy a decirle, le pido por Dios.
-Esta niña que traigo en los brazos
-ella le replicó con desdén-,
pues sabrás que ha venido a este mundo,
y está en este mundo, que es tuya también.
-A ti, chica, yo no te conozco,
ni tampoco sé quién eres tú,
pues sabrás que me voy a casar
con otra más rica y más guapa que tú.
Y la joven, muy enfurecida,
a su hijita en el suelo posó,
y sacando un puñal de dos filos,
a aquel pobre hombre la muerte le dio.
-A la justicia les pido señores,
lo que les pido a usted, por favor,
que me cuiden a esta hija querida,
que no tuvo la culpa de lo que hice yo.
La mendiga deshonrada
Soy una pobre mujer, abandonada y perdida;
no tengo padre ni madre, soy un paria de la vida.
Con dos gemelos en brazos que tengo que mantener,
mendigo de puerta en puerta para ganar qué comer.
Válgame el cielo divino, qué desgraciada nací,
cuando tenía quince años mi pobre madre perdí.
Sirviendo de casa en casa, mijoventud me pasé,
hasta que a un hombre ingrato mi corazón le entregué.
Con promesas y caricias el maldito me engañó,
y cuando vio que era madre, el traidor me abandonó.
El traidor me abandonó, y cuando vio que era madre,
me ha dejado en la miseria abandonada y muerta de hambre.
Se marchó para su pueblo diciendo que iba a arreglar
los papeles y los trajes para podernos casar.
Se han pasado ya unos meses, y el canalla no volvió,
hasta que me he enterado que con otra se casó.
Por el mundo voy errante, sin rumbo ni dirección,
pregonando la desgracia de mi pobre corazón.
El galán y la calavera
El día de Todos los Santos
iba un joven a la iglesia;
más iba por ver las damas
que por lo que había en ella.
En el medio del camino
encontró una calavera;
la ha dado con el zapato,
la dice d'esa manera:
-Hoy te brindo, caballero,
a cenar de la mi cena.
Y, por provisión de Dios,
respondió la calavera:
-No te burles, caballero
-Mi palabra doy por prenda.
Y el joven, al oír esto,
todo turbado se queda.
Todo el día anduvo triste,
hasta la noche que llega.
No estaba la cena hecha,
cuando llaman a la puerta,
unos golpes tan terribles
que toda la casa tiembla.
-Baja, mi criado, baja
a ver quién llama a la puerta;
esos golpes tan terribles
hasta el corazón me llegan.
-Anda, vete, y di a tu amo
que si del dicho se acuerda,
que soy aquel convidado,
que ha convidado a su cena.
-Anda, baja y dile que entre,
que se siente enhorabuena.
Le sacaron silla de oro,
que su cuerpo siente en ella;
le sacaron qué comer,
no comió bocao siquiera;
le sacaron qué beber,
no probó pinta siquiera.
-Yo no he venido aquí
por cenar de la tu cena,
sino que he venido aquí
por cumplirte la promesa.
-A las doce de la noche
irás conmigo a la iglesia.
No habían llegado allá,
ya estaba la puerta abierta.
Y en el medio de la iglesia
había una tumba abierta,
y en el medio de la tumba
había una luz encesa,
que con voces temerosas
decía de esta manera:
-Ven acá perro villano,
a cenar de la mi cena,
que al no ser esas reliquias
que a Jesucristo presenta,
te sepultaría vivo,
quisieras o no quisieras.
A que otra vez que me encuentre,
lo haga de otra manera:
me reces un padrenuestro
y me eches a la huesera.
Sirva de ejemplo señores,
caballeros y doncellas,
i válgame la Virgen pura,
válgame la Virgen bella l
Discurso gracioso
Si quieren saber quién soy y de qué familia vengo,
levántenme la camisa y verán qué culo tengo.
Si quieren saber, señores, la mierda que caga un perro,
primero caga un chorizo, y después chorizo y medio
Yo me llamo Chafarrías, de mi nombre natural;
tengo muchas picardías, no caben en un costal.
Yo las meto por la boca y salen al corneja!.
Yo me llamo Chafarría, y es mi nombre natural;
tengo una nuez en el culo, si me la quieren sacar.
Yo soy el Tulitulín, que vengo de tulinaje,
tengo un perrito por paje, que le llaman Besatú
si no lo quieren saber, se lo llevaré a Belcebú.
Si quieren saber, señores, de qué tulinaje vengo,
levánteme la camisa, y verán qué culo tengo.
Barberillo soy, señora, si usted se quiere afeitar,
aquí traigo mi lanceta, ponga el agua a calentar.
Si la calentura es mucha, bien se puede remediar,
con la sartén de torreznos y vino para mojar.
Yo soy el más pequeñito de los niños de esta escuela;
si no lo quieren creer, aquí tengo mi bandera,
que la gané en Cataluña siendo soldado en la guerra,
y por eso me premió nuestra señora, la Reina,
con mil y quinientos duros, ojalá que me los diera,
para poder mantener esta tropilla ligera,
que es capaz de acometer un buen terrero de peras,
un regimiento de guindas y un batallón de ciruelas.
Yo soy el más pequeñín de los niños de la escuela;
si no me quieren creer, aquí traigo mi bandera:
que la gané en Cataluña, siendo soldado de guerra.
Mi madre se me murió, y mi padre está en la guerra.
Yo me quedé solo en casa, que vivo en casa de mi agüela,
que la meto más mentiras, que no caben en un costal;
se las meto por la boca y salen por el corneja!.
Yo soy el gato Piñón
que ando tras de los ratones;
los pequeños se me van,
y los grandes se me esconden;
no soy de correr tras dellos,
que se me caen los calzones.
Yo soy el aposentador, el que delante venía,
con mi rey y mi maestro venía haciendo la guía;
los lugares concercanos, las ciudades y las villas,
y las señoras mujeres que corten bien de longaniza.
Si no la quieren cortar, correremos las gallinas,
y haremos una tortilla con mil y quinientos huevos,
y una carga de buen vin para reformar el cuerpo.
Yo soy alférez, señora, de la villa de Gradefes.
Tengo una nuez en el culo, sáquenmela con los dientes.
Yo soy alférez, señora, de esta noble compañía,
cuando me crio mi madre, me daba muy mala vida,
me daba agua en ayunas, y por bobo me tenía.
Un día comí unas natas que en un barreñón tenía,
caras natas me salieron, que pude perder la vida.
Me ha encerrado en una cuadra, me apretó la zarapiña,
allí me azotó rabiando con un manojo de ortigas:
todo el culo me ampolló, que aún ni sentarme podía.
Mi padre es un legañoso, hombre de poca comida,
que con un grano de arroz, se mantiene todo el día;
un cuarterón de tabaco no le abando todo el día;
el día que no lo tiene, el demonio parecía,
anda tras de mí a palos y tras de todas sus hijas;
dice que marchemos de ahí a casa de la Marisca.
Pedimos a las mujeres que partan la longaniza,
y mil y quinientos huevos para hacer una tortilla.
Soy capitán de estas almas e hijo de un general;
cien batallas he vencido a fuerza de pelear.
De un soplo, maté cien hombres; de un estornudo, un lugar,
de un puntapié que yo di, derribé una gran ciudad.
Los pueblos y los castillos, todos los hice temblar;
sólo un gallo me da guerra, y ése le tengo matar;
con la punta de mi espada, y allí le tengo de asar.
Tente, gallo, que allá voy a darte la puñalada,
si la fortuna te vale, en la cresta colorada.
Soy capitán de esta armada y primo de un general;
cien batallas he vencido a fuerza de pelear.
De un soplo, maté cien hombres; de un estornudo, un lugar,
de un puntapié que yo di, derribé una gran ciudad.
Las plazas y los castillos, todo lo hice temblar,
sólo un gallo me da guerra, y a ése le pienso matar;
con la punta de mi espada, la cabeza he de cortar.
Yo soy el rey de mis gentes, no digo de mis cuidados,
que los secretos de un rey deben de ser admirados.
Pongo mi corona y cetro, como rey encoronodo,
y aquel que no se lo crea, yo mandaré echar un bando,
que le corten la cabeza con un cuchillo afilado.
Ponte en orden, capitán, ponte en orden, bandolero,
vamos a jugar a Francia, a Francia la de Toledo.
En el medio del camino encontraré un gallo negro,
no tiene ninguna falta, sólo que se está muriendo.
Yo soy el rey de mis gentes, no digo de mis cuidados,
que los secretos de un rey deben de ser admirados,
con mi mitra y mi corona, como rey encoronodo.
No lo digo por España ni por la gente que traigo,
que, aunque son pequeños mozos, son valerosos soldados,
capaces de concluir titos, garbanzos y nabos,
chorizos y longanizas y de lo mejor del rancho.
Yo soy el de la cestoño, el que recoge los huevos.
Señora, me dé bastantes, que pronto los comeremos.
Señora que nos espera a la puerta de su casa,
prepare un buen torrezno, que no le ponemos tasa.
Por la calle van vendiendo arroz y bocolodo,
el que no tenga dinero, Sagüillo lo da fiado.
Por la calle van vendiendo una camisa sin mangas,
sin pechera y sin botones y sin tela a las espaldas.
Señora que nos espera a la puerta de su casa,
prepare usted la orza, que no lo pondremos tasa.
Desde el bierzo a la gloria
Desde el Bierzo a la gloria
hay un peldaño
que lo puede subir
cualquier berciano;
cualquier berciano, madre,
cualquier berciano,
si a la Virgen le pide
le de una mano.
ESTRIBILLO:
Ven rapacina berciana
ven y acércate a cantar
a nuestra Virgen morena
que de nuestra pena nos va a salvar. BIS
Entre el Bierzo y el Cielo
hay una puerta,
que nuestra Morenica
mantiene abierta.
Mantiene abierta, madre
mantiene abierta,
para todo berciano
que se le acerca.
ESTRIBILLO:
Ven rapacina…
En mi tierra berciana
hay un tesoro,
que tiene más valor
que todo el oro.
Que todo el oro, madre
que todo el oro:
La Virgen de la Encina
a quien yo adoro
ERES ALTA Y DELGADA
ERES ALTA Y DELGADA
Eres alta y delgada
como tu madre.
¡Bendita sea la rama
que al tronco sale!
Somos de Villabaltere,
no lo podemos negare,
tenemos la cara blanca
como las de la ciudade.
Eres alta y delgada
como el centeno,
eres a la medida
de mis deseos.
Eres alta y delgada
como tu madre,
Morena, salada,
como tu madre.
Bendita sea la rama
que al tronco sale,
Morena, salada,
que al tronco sale.
Toda la noche estoy,
Niña, pensando en ti.
Yo de amores me muero
desde que te vi,
Morena, salada,
desde que te vi.
Pero tienes bigote
como tu padre
Morena, salada,
como tu padre.
Bendita sea la rama
que al tronco sale
morena y salada,
Morena, salada,
blanca de día.
Toda la noche estoy,
niña, pensando en ti.
Yo de amores me muero
desde que te vi,
Morena, salada,
desde que te vi.
En el campo nacen flores
En el campo nacen flores (bis)
Y en el mar nacen corales
En mi corazón amores (bis)
Y en el tuyo falsedades,
Ay leré, leré, lerelerelele
Ay leré, leré, lerelerelele
Salió el aire por los sotos
Y llevó los balagares
Si llega a salir por Friedes
Lleva a todes les chavales.
En el campo entre las flores (bis)
Te busqué y no te encontraba
Cantaban los ruiseñores (bis)
Y creí que me llamabas
Ay leré, leré, lerelerelele
Ay leré, leré, lerelerelele
Yo no quiero que me quieras (bis)
Ni que me tengas cariño
Sólo quiero que recuerdes (bis)
Lo mucho que te he querido
Ay leré, leré, lerelerelele
Ay leré, leré, lerelerelele
El perro de tu padre
EL PERRO DE TU PADRE
Como quieres que me vaya
De noche a verte, si
El perro de tu padre
Sa, sale a morderme, a mí
El perro de tu padre
Sa, sale a morderme, a mí.
En el baile la encontré,
Ella no me dijo nada
Pero yo la saludé;
No, no me dijo nada,
Nada, nada, no.
No me dilo nada,
Yo la dije adiós.
Si estás a la puerta, cierras;
Si estás al balcón te escondes ¡ea!
Qué te ha hecho mi corazón, ¡ea!
Que tan mal le correspondes,
Que con la luna, madre,
Que con la luna iré,
Que con el sol no puedo
Porque me quemaré.
Porque me quemaré,(bis)
Que con el sol no puedo
Que con la luna iré.
Ayer te vi que subias
AYER TE VI QUE SUBÍAS
Ayer te vi que subías
Por la ladera primera,
Luciendo la saya blanca
Y el pañuelito de seda,
Dime donde vas, morena,
Dime donde vas, salada,
Dime donde vas, morena,
A las tres de la mañana.
Voy a la fuente del Caño
A beber un trago de agua,
Que me han dicho
que es muy buena
Beberla por la mañana,
Dime…
Voy al jardín de Valencia
A decirle al jardinero
Que me dé una rosa blanca
Que en mi jardín no las tengo,
Dime…
El molino -A la luz del cigarro
A LA LUZ DEL CIGARRO

A la luz del cigarro, voy al molino
A la luz del cigarro, voy al molino
Si el cigarro se apaga
Si el cigarro se apaga
Si el cigarro se apaga
morena, Me voy al río.
A la luz de la luna, te vi la cara
A la luz de la luna, te vi la cara
Yo no he visto una rosa
Yo no he visto una rosa
Yo no he visto una rosa
morena, Tan colorada.
A la Virgen del Carmen, tres cosas pido
A la Virgen del Carmen, tres cosas pido
La salud y el dinero
La salud y el dinero
La salud y el dinero
morena, Y un buen marido.
Que no fume tabaco, ni beba vino
Que no fume tabaco, ni beba vino
Que no vaya con otra
Que no vaya con otra
Que no vaya con otra
morena Sólo conmigo.
Y la Virgen del Carmen le ha concedido
Y la Virgen del Carmen le ha concedido
Fumador y borracho
Fumador y borracho
Fumador y borracho
morena
Empedernido.

A la luz del cigarro, voy al molino
A la luz del cigarro, voy al molino
Si el cigarro se apaga
Morena, me voy al río.
A la Virgen del Carmen
tres cosas pido
A la Virgen del Carmen
tres cosas pido,
la salud y el dinero ,
Morena y un buen marido.
Y la virgen del Carmen
Me ha concedido
Fumador y borracho,
Morena, empedernido.
Que no fume tabaco
ni beba vino,
Que no fume tabaco
ni beba vino,
Que no vaya con otra
Morena, solo conmigo.
A la luz del cigarro te vi la cara,
A la luz del cigarro te vi la cara,
Nunca he visto una rosa
Morena tan colorada.
A la puerta del molino
Tengo mis bienes
una gata con gatos,
morena, con cascabeles
**********
CUERPO COBARDE
Ay cuerpo cobarde
como se menea
yo cargue una pea
que Dios me la guarde (bis)
Que te pasa musa
Musa que te pasa (bis)
que entrelaza y cruza
que entrecruza y laza (bis)
(Estribillo)
La puerca conmigo
y yo con la puerca (bis)
la puerca me gruñe
y yo ¡jo! Puerca (bis)
(Estribillo)
Pasa la botella
pasa el garrafón (bis)
que galapaguea
de cerveza y ron (bis)
(Estribillo)
El Gato al que le picó una pajina

El Gato al que le picó una pajina
Una vez era un gato
que andaba por un tejao.
Le picó una pajina en el culo
y dijo: Miauuu
Abelgas. León
la bella infanta
Una hija tiene el Rey
y ésa sola la tenía,
que de plata la calzaba
y de oro la vestía
Rosarios de siete cuentas
rezaba todos los días:
uno reza a la mañana,
otro reza al mediodía,
otro rezaba a la noche,
cuando la gente dormía.
- Hoy te has de quedar
aquí
por siete años y un día.
No has de comer, ni beber,
ni hablar con cosa nacida.
Con los pájaros del monte
has de tener alegría.
Una palomita blanca
te ha de ver todos los días.
En el pico te traerá
una flor muy amarilla.
Con el olor de la flor
tu cuerpo se sostendría.
Ya se cumplieron los siete años,
mañana, el tercer día.
- Yo para ir a beber
a mi Dios ofendería,
y yo para no beber,
gran secura es la mía.
Estando en estas palabras
Vino la Virgen María:
- Bebe de esa agua, devota;
bebe, devota mía.
Mientras la niña bebía,
la Virgen la bendecía.
Mientras la Virgen velaba,
la niña se fallescía.
Cristo cortó la mortaja
y Santa Ana la cosía
para la hija del Rey,
que para el cielo camina.
Canciones de Ramo
Esta noche nació el Niño
Maragateria
entre la paja y el hielo.
Gloria, gloria al recién nacido.
Quién pudiera con amor,
vestirlo de terciopelo.
Gloria, gloria al recién nacido.
No nació en cama de rosas
Valle
ni tampoco de romero,
que ha nacido en unas pajas
entre la escarcha y el hielo.
Un pesebre fue su cuna
y unas pajas su colchón
y es más bello que la luna
y más brillante que el sol.
Más rico que el rey David
más sabio que Salomón
aprende, aprende, cristiano
la humildad del Redentor.
Con la capa de José
al Niño le hacen la cama
y la toca de María
se la ponen por almohada.
Sin tener más compañía
que los ángeles del cielo,
allí le sirven de adorno
tan sólo un buey y un jumento.
Luego que avisados fueron
los pastores de aquel pueblo
a adorarle presurosos
en camino se pusieron.
Los tres Reyes del Oriente
también fueron avisados
por mediación de la estrella
a Belén fueron guiados.
Allí adoraron al Niño
y le ofrecieron regalos,
y para ir a su tierra
un ángel les ha encargado.
Fuesen por otro camino
que Herodes estaba airado
porque un rey había nacido
y temía ser destronado.
Del nacimiento de Cristo
el misterio hemos cantado,
misterio de amor y paz
y para el mundo salvarlo.
Quedaros con Dios, Señora,
Santísima Virgen Pura
que ahora le vamos a dar
las gracias al señor cura.
Y con esto concluimos
nuestra historia y nuestro ramo
y a todos en general
las santas les damos…
de la Valduerna
| Nueces con gran silencio niño aquí tienes porque no sea el ruido más que las nueces. ——— Recibe, Niño hermoso, cuatro castañas que las traje esta noche de la montaña. Aquí no se crían fui por ellas al Bierzo que las había. ———- Toma la mi zamarra, Niño precioso, para hacerte la cama que es tu reposo. Son nuestros dones pues entre los pastores no hay más colchones. |
Aquí estamos don Gabriel
La Bañeza
a pedir el aguinaldo,
a que nos deje pasar
y que nos bendiga el gallo

Ramos de Nochebuena – Misa de Gallo
La noche de Navidad
que llamamos Nochebuena
y a anunciar el Nacimiento
venimos estas doncellas.
Permitid, Madre amorosa,
y en vuestra casa lucida,
cántico de las doncellas
que de amor vienen rendidas.
Rendidas vienen buscando
y al Redentor de la vida,
deseosas en hallarle
y a su Madre en compañía.
Licencia está permitida,
la permitió la princesa,
doncellas, vamos entrando
por esta sagrada Iglesia.
Por esta sagrada Iglesia,
con este florido Ramo,
tomemos agua bendita
de esta fuente que hay al lado.
Levántese el mayordomo,
si está por ahí al lado,
coja el Ramo a las doncellas
y póngalo usted a recado.
Y ocho manzanas traemos
en este florido Ramo,
cuatro son p’al señor cura
que dice la Misa el Gallo.
Y otras dos p’al mayordomo
porque lo ha puesto a recado,
las demás para nosotras
porque lo hemos adornado.
Las velas no son muy grandes
ni tampoco muy pequeñas,
que está la cera muy cara
y son pobres las doncellas.
Y en esta noche feliz
se regocija la fiesta,
venimos a visitar
y a la que en el cielo reina.
