—Un domingo yendo de caza encontrome y encontrela,
me encontré con la serrana que habita en Sierra Morena
y me cogió de la mano y a la su cueva me lleva.
Cuanto más adentro me entra más me aprieta la muñeca,
a la entrada de la cueva una mala seña viera.
Me atreví y le pregunté: Serrana ¿aquello qué era?
—Estas son pellejas de oso y pellejas de rapiega
y estas son cabezas de hombres, que hombres maté en la mi cueva,
lo mismo he de hacer contigo cuando mi voluntad sea.
—La serrana aviva el fuego, da una vuelta por la cueva,
de palomas y pichones trajo la manigua llena,
las palomas para mí los pichones para ella.
Estando en estas palabras ella en la cama se endiestra:
—Esta cama, paisanito, no es a estilo de tu tierra,
que estas son pellejas de oso y pellejas de rapliega.
—Estando en estas palabras ella dormida se queda,
eché mano del caballo del bolsillo la moneda,
cuando la serrana espierta ya anduviera legua y media.
Cogió la honda en la mano y empezó a tirarme piedras,
las tira de jara en jara las tira de sierra en sierra,
la primera que tiró me derribó la montera.
—Vuelva, vuelva, usted villano, vuelva a buscar la montera.
—La montera es de mal paño, como si fuera de seda,
Dios me ayude a comprar otra aunque no sea como ella.
—Lo que le encargo, galán, que no sea descubierta.
—Descubierta no serás hasta la venta primera.
Ir a prender la serrana que habita en Sierra Morena.
Siete pares de justicia se juntan para prenderla,
cogió la honda en la mano y a todos les dio faterna,
solo un chico de quince años que del cabello se endiestra,
con un cuchillito de oro el corazón le atraviesa.
La cabeza pesa una arroba cada pierna arroba y media
y toda por junto pesa catorce arrobas y media,
la pusieron de presencia en las puertas de la iglesia.
– Santa Cruz del Sil
AUDIO https://archivoreinoleon.es/registros/la-serrana-matadora-la-serrana-de-la-vera-santa-cruz-del-sil/?categorias_registros=tradicion-oral
—Un domingo yendo a misa encontreme y encontrela,
me encontré con la serrana que vive en Sierra Morena.
Me ha cogido de la mano me ha llevado hasta su cueva,
cuanto más alante iba más me aprieta la muñeca.
Voite a preguntar, serrana, que el que pregunta no yerra:
¿De quién son esas cabezas que cuelgan en esa cueva?
—Son de hombres que maté yo aquí dentro de mi cueva,
como he de hacer contigo cuando mi voluntad quiera.
—Eso no lo harás serrana a poderes que yo pueda.
De pichones y perdices preparó una gran cena,
las perdices para mí los pichones para ella,
ella bebe vino blanco y a mí el tinto me diera,
ella cogió un violín a mí me dio una vihuela,
con intención de adormecerme se durmió primero ella.
Cuando ella despertó anduviera legua y media.
—Vuélvete de ahí, serranillo, vuélvete para mi cueva.
—Eso no lo haré, serrana, a poderes que yo pueda.
—Ay pobrecita de mí, que de esta soy descubierta,
que mi padre fue un rey moro y mi madre fue una yegua.
ALCUETAS
La serrana de la Vera (Alcuetas) https://corpusdeliteraturaoral.ujaen.es/archivo/1350r-la-serrana-de-la-vera
En Garganta de la Honda, legua y media de Plasencia,
habitaba una serrana alta, rubia y sandunguera,
con vara y media de espalda, cuarta y media de muñeca,
con una trenza de pelo que a los zancajos la llega.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00014_08_-_La_serrana_de_la_Vera.ogg
VILLAMUÑIO
Por aquellos altos montes, por aquellas altas sierras,
se pasea una serrana, una serrana se pasea,
matadora de los hombres y robadora de haciendas.
Pasó por allí un pastorín, la dice de esta manera:
-Buenos días, pastorín. -Bienvenida seas, va llena29.
-Si quieres tirar un tiro, yo te daré mi escopeta.
-Señora no he deprendido, ni quiera Dios que deprenda.
L’ha agarrado de la mano, le llevó para la cueva.
Y a eso del medio camino, atrevíme y preguntéla:
1 o -me qué son estos montones, son de cantos o de peñas?
-Son cabezas de cristianos que yo he matado en mi cueva.
Y lo mismo he de hacer contigo, cuando mi voluntad sea.
Sacó la yesca infernal para que la lumbre ardiera,
y mientras la lumbre ardió la serrana salió fuera;
1 5 de perdices y conejos, trajo la petrina llena.
Los conejos para ti, las perdices para ella.
Jarras van y jarras vienen, la serrana emborrachéla.
Con el calor de la lumbre, dormidita se cayera.
Y até el zapato a la trincha, para que no me sintiera;
20 cuando, de allí al poco rato, la serrana salió fuera.
Se ha asomado a una ventana, que tenía una vidriera,
con el ramal en la mano, para tirarle una piedra;
con el aire que llevaba, le derribó la montera.
-Vuelve, vuelve, pastorín, vuelve por /a tu montera,
25 que si la tuya es de paño, yo te la daré de seda.
-Ni aunque me la des de plata, ni de oro que más valiera
ni aunque fuera de diamantes, no volvería por ella.
-Vuelve, vuelve, pastorín, vuelve por una encomienda,
que se la des a mi hermana, que está dentro en tu ribera.
30 -Anda vete tú a llevarla, anda vete tú con ella.
Baja justicia del cielo, si no la hay en la tierra.
Cada vez que le veía, bufa como una culebra:
si le hubiera hecho gigotes, no sería descubierta.
A ese otro día de mañana, la cueva ya estaba llena
35 de jueces y de alguaciles que venían a prenderla.
[La atan a cuatro caballos, y van tirando de ella,]3°
Unos dicen: -Vaya en cachos, y otros dicen: -En cazuelas.
Por las calles de Altamara, van relinchando con ella. (VILLAMUÑIO)