Joaquín Diaz: Grabaciones por localidades

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Boñar y Vegamián, dos cosas tienen

Dos cosas tiene Boñar 
que no las tiene León:
el maragato en la torre
y, en la plaza, el negrillón.

Vegamián tiene dos cosas
que no las tiene León:
la fuente de los corrales
y la peña «el Susarón».

Vegamián tiene dos cosas:
que no las tiene Madrid:
la ermita de San Antonio,
la vega, que es un jardín.

Los perdones y el ramo a las mozas

LOS PERDONES Y EL RAMO. 
Los mozos —y también quienes ya no lo eran—llevaban a mozas/novias o parientes no asistentes a una romería religiosa, avellanas como "perdón" por no haber podido cumplir con la tradición o haber incumplido obligación o compromiso de asistencia.

Antiguamente los mozos compraban bolsas de avellanas a las novias para declarar su amor o para que les perdonasen por no acudir con ellas a la fiesta.

Los Perdones eran las avellanas, las nueces, una cinta o cualquier otro regalo que traía el mozo que iba a la romería.

Ese galán que me tira
al mandil las avellanas,
ese es que quiere ser
cuñado de mis hermanas.

Por una triste peineta
que me diste para el pelo
me quieres tener sujeta
como el anillo en el dedo.


RAMO A LA MOZA

Los mozos, durante la noche, ponían el ramo en la ventana o en el tejado de la moza a la que querían declararse. El ramo, hecho con ramas de árbol, se adornaba con cintas, lazos, dulces etc.

De cuatro a cinco colores
tengo de pintar un ramo,
encarnado, azul y verde
y encima sobredorado.

Me pusiste el ramo
¡Dios te lo pague!
Me rompiste más tejas
que el ramo vale.

Eres como el Sol de hermosa

Eres como el Sol de hermosa 
como la Luna brillante,
mas la Luna crece y mengua
y en tu cara no hay menguante.

Como el agua cristalina
que corre de losa en losa
tiene la cara mi niña
y un poquito más hermosa

Eres más apañadita
que la nieve en el barranco,
que el clavel en la maceta
y la azucena en el campo.

La que espada bien el lino

La que espada bien el lino
la que pone bien el copo,
la que a los mozos del pueblo
los traía medio locos.
Sabe tejer bien las sayas,
sabe hilar pá pantalones,
sabe hacer bien las camisas
y de hilo los botones.
Sabe cantar y bailar
y tocar la pandereta,
y estando de buen humor
es la música completa.

Dime como te llamas

Dime como te llamas.
Me llamo Rita
Mira que gracia tiene
la morenita.

Me diste tacha de pobre
otra que darme no tienes,
mi sangre no está manchada
que vale más que tus bienes.

Tu sal y garbo, morena,
me hacen por siempre olvidar
los palos que me he llevado
y los que me he de llevar.

Yo me quería casar

Yo me quería casar
con un mocito barbero,
y mis padres me querían
monjita de monasterio.

Una tarde de verano
me sacaron de paseo,
y al revolver una esquina
había un convento abierto.

Salieron todas las monjas
todas vestidas de negro,
con su velita en la mano
que parecía un entierro.

Me cogieron de la mano
y me metieron adentro;
me sentaron en la silla
y me cortaron el pelo.

Zarcillitos de mi oreja
anillitos de mis dedos;
lo que más sentía
yo era mi mata de pelo.

Me metieron en la caja
como si me hubiera muerto.
Me encendieron cuatro velas
y me rezaron el Credo.

ORACION PARA ACOSTARSE Y CONTRA LA MUERTE REPENTINA



Oración para acostarse y contra la muerte repentina

¡Válgame los Doce Apóstoles
cuando me voy a la cama,
la bendita Madalena
y la Virgen Soberana!

Sepultura, yo en mi vida (¡Oh, sepultura divina,)
nunca te tengo olvidada.(cómo te tengo olvidada! )
Sagrada Virgen María,
a Vos entrego mi alma.

¡Cuántos hombres y mujeres
se acuestan sanos y buenos!
por la mañana amanecen
cadáveres muertos.

No permitas, gran Señor,
que yo sea uno de ellos,
que no me dejéis morir
sin recibir sacramentos.

Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
por obra y gracia
del Espíritu Santo.

San Pedro está en Roma
diciendo la misa de la hora;
san Pedro la canta
y Cristo la adora.

¡Dichosa del alma
que expire en tal hora!
Si yo me durmiere,
Dios, me recordéis;
si yo me muriere,
Dios, me alumbréis
con las once candelas
de la Santísima Trinidad.
Amén.

Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
guardan mi alma .

Puntuación: 5 de 5.

(Versión de Dolores Fernández, recogida en Val de San Lorenzo el 14 de julio de 1995)

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/los-romances-de-carolina-y-antonia-geijo-y-de-dolores-fernandez-en-val-de-san-lorenzo-leon/html/b85ce934-5c7e-11e1-b1fb-00163ebf5e63.html

EL CIEGO Y LA VIRGEN

Caminando va la Virgen
de Egipto para Belén,
con el su Niño en los brazos
que es Jesús de Nazaret;
en la mitad del camino
pidió el Niño de beber.
– ¿Qué te daré yo mi vida,
qué te daré yo, mi bien?
Allá arriba hay un manzano
que ricas manzanas tien;
el hombre que las cuidaba
era ciego y no las ve.
– Dame, ciego, una manzana,
para mi Niño comer.
– Coge una, coja dos,
coja las que ha menester,
coja de la camuesita
que tiene mejor comer;
entre más manzanas coge
más empiezan a nacer.
– Vete, ciego, para casa
a ver tus hijos y mujer;
tu mujer como una rosa,
tus hijos como un clavel.
Le preguntan las vecinas:
– Ciego, ¿quién te ha dado el ver?
– Me lo ha dado una Señora
que la Virgen puede ser.



Caminando va la Virgen
de Egipto para Belén,
con el su Niño en los brazos
que es Jesús de Nazaret;
en el medio del camino
pidió el Niño de comer.
– ¿Qué te daré yo mi vida,
qué te daré yo, mi bien?
Allá arriba hay un manzano
que ricas manzanas tien;
el pastor que las cuidaba
era ciego y no las ve.
– Dame, ciego, una manzana,
para este Niño comer.
– Coja una, coja dos,
coja las que ha menester,
coja de las camuesitas
que tiene mejor comer;
entre más manzanas coge
más empiezan a crecer.
– Marcha, ciego, para casa
a ver tus hijos y mujer;
tu mujer como una rosa,
tus hijos como un clavel.
Le preguntan los vecinos:
– Ciego, quién te ha dado el ver?
– Me lo ha dado una Señora
que la Virgen puede ser.
Porque le di una manzana
para su Niño comer

Cada vez que siento pena

Cada vez que siento pena
me dan ganas de llorar;
la causa de mi condena
te la ofrezco en mi cantar.

Llevaste mi corazón
prisionero con cadenas;
lástima de corazón,
que muere y no tiene pena.

Si me quisieras,
te juro yo,
esclavo por siempre fuera,
prisionero de tu amor.

Canciones que canto yo

Bien sé que estás en la cama;
bien sé que no duermes, no;
bien sé que estás escuchando
canciones que canto yo.

Canciones que canto yo;
bien sé que estás en la cama.
Si tus padres te riñen en casa,
abrirás ventana y balcón;
juntaremos los dos corazones
y hablaremos cositas de amor.

Cuatro palomitas blancas

Cuatro palomitas blancas
como la nieve, volando van;
van al río a beber agua,
con mucho rumbo y serenidad.

Y después de haber bebido,
alzan el vuelo y vuelven atrás,
en busca de los pichones,
que se han quedado en el palomar.

Dame la mano, dame la mano,
dame un clavel.
Dame la mano, dame la mano,
y te vengo a ver.

Un dia vine borracho

Un día vine borracho
y me llamó: –Celestino:
si no te casas conmigo,
no ganarás ni pa vino.

Yo quiero una novia
que me haga feliz;
si vengo borracho,
que se eche a reír.

Si yo no trabajo,
ni debo un real,
a mí que me dejen
cantar y bailar.

Lolita tiene un caballo

Lolita tiene un caballo,
color castaño, de lo mejor,
para pasear a Pepito, leré,
que está malito, leré,
del sarampión. (bis)
El médico le receta
una papeleta, le hace llorar;
no llores, por Dios, Pepito, leré,
que con Lolita, leré,
te has de casar. (bis)
Lolita tiene una niña,
pero qué niña, pero qué sol;
por cinco monedas de oro, leré,
a una cubana, leré,
se la vendió. (bis)
Apenas sale la aurora,
y a sus mejoras se oye un cantar;
gaiteros a son de gaita, leré,
que gime en brazos, leré,
de un buen gañán. (bis)
Y en casa del tío Vicente
con tanta gente, qué habrá, qué habrá;
son las mocitas del pueblo, leré,
que con las mozos, leré,
quieren casar. (bis)
  • Las medulas y alrededores

La monja y el moreno

Desde chiquitita me fui al convento,
con mucha alegría, y me fui contenta;
pero la alegría pronto se acabó.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
La madre abadesa me compraba anises,
y a mí me los daba cuando estaba triste;
yo no quiero anises, no los quiero, no.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
Voy a la cocina, por ver qué hay que hacer;
veo muchos platos, nada que comer,
cuánta hambre, sí, la que paso yo.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
La madre abadesa me lleva al jardín
y la mejor rosa era para mí.
Yo no quiero rosas, no las quiero, no.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
He subido al coro, la misa a cantar;
veo a mis amores por allí pasar.
Casadita, sí, pero monja no.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.

No me olvides

Como sabes que te quiero,
siempre me estás haciendo penar. (bis)

Lo mismo que supe quererte
también he de saberte olvidar. (bis)

No me olvides, prenda mía;
no me olvides, mi adorada;
que viene la luz del día, la madrugada.

Son tus ojos, nena,
son tus ojos, son;
que cuanto más los miro,
más bonitos son.

Dónde va la mi morena (mozos hay en la Ribera)

Dónde va la mi morena,
dónde va la mi salada;
con el cantarito al brazo,
a la fuente va por agua.

A la fuente va por agua,
y un galán me la entretiene;
aquí la estoy esperando,
por ver si viene o no viene.

Por ver si viene o no viene,
por ver si venía sola;
la venía acompañando
la banderita española.

Mozas hay, mozos hay;
mozos hay en la Ribera;
haylos de media polaina,
haylos de polaina entera.

Qué noche aquella

A cantar a una niña,
a cantar a una niña,
yo la enseñaba,
y en cada nota un beso,
y en cada nota un beso
ella me daba.

Y aprendió tanto,
aprendió tanto;
aprendió muchas cosas
menos el canto.
A contar las estrellas,
a contar las estrellas
yo la enseñaba;
y en cada estrella un beso,
y en cada estrella un beso
ella me daba.
Y me decía,
y me decía,
por qué no habrá estrellas
también de día.
A nombrar las estrellas,
a nombrar las estrellas
yo la enseñaba;
y en cada nombre un beso,
y en cada nombre un beso
ella me daba.

Qué noche aquella,
qué noche aquella,
en que le di mil nombres
a cada estrella.
A cantar a una niña, (…)

Para qué me das pañuelos

Para qué me das pañuelos
que han venido de La Habana,
si me los vas a dar hoy
y me los quitas mañana.

Para qué me ha dado Dios
tanto amor para quererte,
si ahora para olvidarte
paso las penas de muerte.

Me arrimé a un pino verde

Me arrimé a un pino verde
por ver si me consolaba,
y el pino como era verde,
al verme llorar lloraba.

Tan chiquitita, tener amores…
y yo como no los tengo
me divierto con las flores.
Tan chiquitita, tener amores.

Tengo de ir a León

Tengo de ir a León,
a preguntarle al fiscal,
si por querer a una niña
tiene causa criminal.

Tengo de ir a León,
a la puerta de la Audiencia;
sólo por ver, penosita,
como sale tu sentencia.

A la una yo nací

A la una yo nací;
a las dos me bautizaron;
a las tres ya tuve amores;
a las cuatro me casaron.

A las cinco tuve un hijo;
a las seis lo bautizaron;
a las siete se murió
y a las ocho lo enterraron.

Quiero casarme con ella,
porque ella lleva en su cara
más besos que cien claveles,
la mantilla sevillana

Canta, canta, pajarito

Canta, canta, pajarito;
canta bien y canta fuerte,
que la cama de mi novia
está lejos y no siente.

Canta, canta, pajarito;
canta, que yo te daré
una gargantilla de oro,
que cantando la gané.

Pajarito barronqueño,
que en el pico llevas hilo,
dámelo para coser
mi corazón que está herido.

Pajarito, pajarito,
pajarito barronqueño,
qué bonitos ojos tienes;
lástima que tengan dueño.

¿Qué pajarito es aquel
que canta en aquella encina?
Anda dile que no cante,
que mi corazón lastima.

¿Qué pajarito es aquel
que canta en aquella higuera?
Anda y dile que no cante
hasta que yo no me muera.