RAMO DE NAVIDAD (fragmentos sueltos)

Una embajada para María
y San José también la merecía;
todos juntos, también oyeron
una voz que decía
con grandes ecos:
[…].
en las manos cogieron
palos bien secos
y al que le floreciera,
queda por dueño.

San José también vino,
sin darse cuenta
que él sería el esposo de la doncella.
San José fue escogido
para María,
que al instante la vara
le florecía.

[…] Los esponsorios castos […]
convida la Iglesia, amigo;
los esponsados son santos.
San José de uno es testigo […]
El esposado es José
que grande dicha ha tenido,
pues se casó con María,
hija de Joaquín su tío.
La virgen y San José
fueron a una romería;
la Virgen iba cansada,
que caminar no podía.
a la postura del sol,
San José a su esposa entraba;
en traje de peregrinos,
alojamiento buscaban.
No pudieron encontrarlo;
San José así decía:–Nos vamos a guarecer
nun portalito que había.
Un ángel bajó del cielo,
anunciando a María:–Salgan de Belén corriendo,
antes de que venga el día.
Los gallos han cantado:–Cristo ha nacido.
Los judíos responden:–¿En dónde ha sido

Dios te salve, Virgen pura,
reina del cielo y la tierra,
a tí siempre suspiramos,
gimiendo y llorando penas,
en aqueste triste valle
de lágrimas y miserias

Ea, pues, dulce señora,
madre y abogada nuestra,
y Jesús, fruto bendito
de tu vientre:
¡oh clementísima aurora!
¡oh piadosísima reina!
Nuestra señora del Carmen,
por nosotros a Dios ruega,
para que seamos dignos
de alcanzar la gloria eterna.
Los ángeles en el cielo
están con toda alegría
porque rezan los cristianos
el rosario de María.
ave María, señores.
Señores, ave María

Entrad, pastorcicas,
a adorar a Dios
entrad para dentro,
en el Nacimiento;
Pequeños y grandes seréis muy devotos,
Pues la voz de Dios
será con nosotros

Señor cura de Borrenes,
juntamente de San Juan,
vengo a solicitar licencia
para que puedan cantar

Cantai, mocitas, cantai,
cantai sin miedo,
que ya traigo el permiso
del cura y del sacristán.

Hoy es día de la Estrella,
y también del nacimiento;
este ramo te traemos
con muchísimo deseo
por un mozo de este pueblo,
que al servicio le tocó;
tan mala suerte ha tenido
que luego enfermo cayó.
Cuando pasaron tres meses
a su madre le escribía:–Venga usted luego a verme
si me quiere hallar con vida.
Su madre con mucha pena
de tristura y de congoja
determinó ir a verlo
para la ciudad de astorga.
Cuando llegó al hospital
en donde su hijo estaba,
como lo halló tan enfermo
sus lágrimas derramaba.–¿Cómo te va, hijo mío?
¿Cómo te va en esa cama?.–Cargado estoy de dolores;
para el mundo no soy nada.
Madre, pídale a la Virgen,
a la Virgen de la Estrella,
que me quite esos dolores
para que a mi casa vuelva.–Ya le pediré, hijo mío,
a la Virgen de la Estrella
que te quite esos dolores,
para que a mi casa vuelvas.
La madre, por otro lado,
hacía sus sentimientos;
tanto le pide a la Virgen,
y al divino Sacramento

Virgen santa del rosario,
aquí te traigo mi vela,
que la ganó mi padrino
con el serrón y la azuela

1.- Bien sabes Miguel que estoy
puesta aquí y arrodillada
esperando por la muerte,
que pocos minutos faltan.
2.- Bien sabes Miguel que estoy
[…]
Dios mío, tú que me ves
desde esa altura tan santa,
murieron siete inocentes,
sin tener culpa de nada.
3.- aquí no valen suplícas,
ni dinero, ni palabras,
ahora mismo te mato
y a Dios entregas el alma

De siete imperios cabeza,
que están bajo mi mando,
Capadocia y Trapisonda, y del gran Cairo nombrado,
Que no digo ni he contado;
señor de la Casa Santa,
Que es la que llora el cristiano[…]

Apártense los señores, si nos hacen el favor;
Vamos a cantar un ramo que causa pena y dolor

La juventud marcha toda a la guerra a pelear;
Cuantos marchan y no vuelven: por allí se quedarán.
Unos con las piernas rotas, otros los brazos partidos.
Pobrecitas de las madres, para quién crían sus hijos.
altas y soberbias torres, templos y ciudades ricas,
Han de servir a los vivos de murallas defensivas.

Buenos días tengan todos los que están en esta capilla;
Venimos a visitar a esta Santa Lucía,
Y a la Virgen de la Estrella,
que está en su compañía.
Nuestro señor Jesucristo,
Con la ayuda del Señor,
también la virgen María,
atiendan a los cantares,
Porque vamos a explicar lo que causa nuestros males.
Virgen santa de la Estrella,
amparo de los cristianos,
ampara con vuestro auxilio los pobrecitos soldados;
Socórrelos, Madre Nuestra, cuando estén necesitados,
Cuando estean en peligro,
los cubrirás con tu manto.
adiós, Virgen de la Estrella,
Échanos la bendición,
adiós, Jesucristo amado,
en esa cruz ahí clavado

RAMOS DE NAVIDAD (MEDULAS Y ALREDEDORES)

Empieza la representación en el momento en que una persona, colocada en lo alto de la iglesia, se dirige al cura para pedirle permiso.

Buenos días, señor cura.
¿Cómo usted ha descansado?
Vengo a pedirle permiso
para cantar un ramo.


El sacerdote asiente con la cabeza y dice:

Mi permiso lo tenéis;
podéis comenzar cuando gustéis.


Los participantes en el Ramo contestan a coro:

Ya podemos comenzar,
con gorriones y jilgueros,
un regalo al señor cura
que en esta cesta traemos,
y entregamos como prueba
de nuestro agradecimiento.


Le entregan al sacerdote una cesta que está tapada por encima con un paño y atada con una cuerda alrededor. Desatan la cuerda, quitan el paño y salen los pájaros volando por la iglesia, en busca de una salida al exterior. Comienza entonces el Ramo:

Déjennos pasar, señores,
por el medio de este templo,
vamos a cantar un ramo
dedicado al nacimiento.

Caminando, caminando,
caminando hacia Belén
van cogidos de la mano
La Virgen y San José.


La Virgen embarazada
ya va cansada de andar;
se sentaron junto a un roble
un poquito a descansar.


Beben un poquito de agua
que brotaba cristalina
y prosiguen su camino
José y su esposa María.


Para Belén camina
la hermosa niña:
iba a pedir posada
a una sobrina
Llegaron,
a la puerta llamaron;
salieron,
posada no le dieron.

Fueron más adelante,
que allí tenían
unos parientes suyos
que allí vivían.
Llegaron,
a la puerta llamaron;
salieron,
posada no le dieron.

San José pidió posada
para la reina del cielo,
y el mesonero responde,
como si fuera embustero

–Una niña tan bonita
casada con ese viejo:
no sé si la trae hurtada,
que más valiera prenderlo.

–¿Qué te parece, María?
¿Qué me respondes a esto?
–Paciencia, esposo José,
que Dios nos dará remedio.

San José se aflige
al ver a su esposa
entre tan mala gente
y tan mal piadosa.
La niña,
trae la pobre doncella
preñada.
Posada no hallaban.

Se vieron desprotegidos
y no sabían qué hacer,
y el rey de cielos y tierras
está a punto de nacer.
Vieron allí un portal
con una mula y un buey;
–En este portal, María,
nos vamos a guarecer.
Ya bien cerrada la noche
el frío se encruda más.
–No desesperes, José,
que Dios nos ayudará

a esto de la medianoche,
en aquel viejo portal,
allí nace el rey de reyes,
de toda la humanidad.
Y en aquella pobreza,
que ni tenían
un pañal para el niño
que necesitan

a esto de la medianoche,
en aquel viejo portal,
allí nace el rey de reyes,
de toda la humanidad.
Y en aquella pobreza,
que ni tenían
un pañal para el niño
que necesitan.

LOS PASTORES
Somos humildes pastores,
venimos a toda prisa
a cantar, tocar y bailar
a los pies de Jesús, José y María.
Somos pastores cansados,
y venimos de remotas montañas,
y le traemos al niño
una cesta de castañas.
Llega en ese momento un pastor que viene solo y se presenta:
Soy un pastor cojo y tuerto,
solo traigo en mi zurrón
una flauta y pan duro

¿Qué puedo ofrecerle yo?
¡ah, ya sé!
La leche de mis ovejas
y una dulce melodía;
tocaré mi vieja flauta
en honor a este día;
en honor al niño Dios,
Jesús, José y María.

Se presentan en escena unos ángeles:

Ángeles somos,
del cielo venimos;
bolsa traemos,
dinero pedimos.
Ángeles somos,
con gran humildad,
y a los pies de la Virgen
venimos a bailar.

Detrás de ellos aparece un ángel solo, bajito y cojo, y se presenta:

Yo soy el ángel pequeño,
que del cielo vengo ahora,
caminando como puedo
a ver a nuestra señora.

Sigue ahora la confesión de la Virgen:

Postrada estoy de rodillas
ante el confesor bendito,
que es San Juan Evangelista,
primo hermano de Cristo.
No es por pecados que tenga,
nunca los he conocido;
es por cumplir el precepto
que mandó mi amado hijo

Aparecen en escena dos caminantes, que son del pueblo de San Juan:

Caminante 1º: –¿Qué tal, compañeiro? ¿ves mui cansao?
Caminante 2º: –Un pouco.
Caminante 1º: –Pois, mira: vamos facer un descanso, ia tomamos un trago

Se sientan, toman un trago de vino; después siguen hablando:

Caminante 1º: –¿Qué tal, compañeiro?
Caminante 2º: –ahora ya me encontro mejor.
Caminante 1º: –Bien, ya podemos caminar, que estará cerca o portal

Caminante 2º:

–Mira, mira, compañeiro,
que vai volando un pardal,
parece leva no pico
unha estrella celestial,
ia vén a darnos aviso
que aí está o portal,
donde hai ese resplandor
con dous ángeles o par,
ia anda por aí volando
pra ós visitantes guiar.

Caminante 1º:

–Si pudéramos traer
esta familia a San Juan
construiríamoslle un palacio,
aunque fura mui despacio,
como a familia real.
Estos dous de centinelas,
io pueblo o sou servicio,
aunque fura por viceira:
cada día dous vecinos.
Podémosllo proponer;
contentos iban a estar
con xente que é tan amable
neste pueblo de San Juan.
–Esperamos haiga gustao
este ramo ós foristeiros,
que ya quedan invitaos
cuando queiran a este pueblo.
gracias por venir.

VILLANCICOS

No hay tal andar como andar
a la una,
veréis el niño en la cuna,
que nació en la noche oscura
en Belén en un portal.

No hay tal andar como andar
a las dos,
veréis el hijo de Dios,
que por remedio de nos
su sangre quiso arramar.

No hay tal andar como andar
a las tres,
veréis al San, San andrés
que para antes y después
pescador en alta mar.

No hay tal andar como andar
a las ocho,
veréis al santo y pirocho
que con agua ni bizcocho
no se puede consolar.

***************

El día de Navidad
era la noche mejor,
parió la Virgen María,
nació Cristo redentor.

El portal donde nació
relumbraba más que el sol.
La escoba que lo barría
estaba llena de flor.

Dainos aguinaldo,
señora, por Dios;
por el nacimiento
del hijo de Dios;
que venimos cuatro
y cantamos dos.

********************






Cada vez que siento pena

Cada vez que siento pena
me dan ganas de llorar;
la causa de mi condena
te la ofrezco en mi cantar.

Llevaste mi corazón
prisionero con cadenas;
lástima de corazón,
que muere y no tiene pena.

Si me quisieras,
te juro yo,
esclavo por siempre fuera,
prisionero de tu amor.

Canciones que canto yo

Bien sé que estás en la cama;
bien sé que no duermes, no;
bien sé que estás escuchando
canciones que canto yo.

Canciones que canto yo;
bien sé que estás en la cama.
Si tus padres te riñen en casa,
abrirás ventana y balcón;
juntaremos los dos corazones
y hablaremos cositas de amor.

Cuatro palomitas blancas

Cuatro palomitas blancas
como la nieve, volando van;
van al río a beber agua,
con mucho rumbo y serenidad.

Y después de haber bebido,
alzan el vuelo y vuelven atrás,
en busca de los pichones,
que se han quedado en el palomar.

Dame la mano, dame la mano,
dame un clavel.
Dame la mano, dame la mano,
y te vengo a ver.

Un dia vine borracho

Un día vine borracho
y me llamó: –Celestino:
si no te casas conmigo,
no ganarás ni pa vino.

Yo quiero una novia
que me haga feliz;
si vengo borracho,
que se eche a reír.

Si yo no trabajo,
ni debo un real,
a mí que me dejen
cantar y bailar.

Lolita tiene un caballo

Lolita tiene un caballo,
color castaño, de lo mejor,
para pasear a Pepito, leré,
que está malito, leré,
del sarampión. (bis)
El médico le receta
una papeleta, le hace llorar;
no llores, por Dios, Pepito, leré,
que con Lolita, leré,
te has de casar. (bis)
Lolita tiene una niña,
pero qué niña, pero qué sol;
por cinco monedas de oro, leré,
a una cubana, leré,
se la vendió. (bis)
Apenas sale la aurora,
y a sus mejoras se oye un cantar;
gaiteros a son de gaita, leré,
que gime en brazos, leré,
de un buen gañán. (bis)
Y en casa del tío Vicente
con tanta gente, qué habrá, qué habrá;
son las mocitas del pueblo, leré,
que con las mozos, leré,
quieren casar. (bis)
  • Las medulas y alrededores

La monja y el moreno

Desde chiquitita me fui al convento,
con mucha alegría, y me fui contenta;
pero la alegría pronto se acabó.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
La madre abadesa me compraba anises,
y a mí me los daba cuando estaba triste;
yo no quiero anises, no los quiero, no.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
Voy a la cocina, por ver qué hay que hacer;
veo muchos platos, nada que comer,
cuánta hambre, sí, la que paso yo.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
La madre abadesa me lleva al jardín
y la mejor rosa era para mí.
Yo no quiero rosas, no las quiero, no.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.
He subido al coro, la misa a cantar;
veo a mis amores por allí pasar.
Casadita, sí, pero monja no.
Maldigo a mi padre, que no me casó…
con aquel moreno que quería yo.

No me olvides

Como sabes que te quiero,
siempre me estás haciendo penar. (bis)

Lo mismo que supe quererte
también he de saberte olvidar. (bis)

No me olvides, prenda mía;
no me olvides, mi adorada;
que viene la luz del día, la madrugada.

Son tus ojos, nena,
son tus ojos, son;
que cuanto más los miro,
más bonitos son.

Dónde va la mi morena (mozos hay en la Ribera)

Dónde va la mi morena,
dónde va la mi salada;
con el cantarito al brazo,
a la fuente va por agua.

A la fuente va por agua,
y un galán me la entretiene;
aquí la estoy esperando,
por ver si viene o no viene.

Por ver si viene o no viene,
por ver si venía sola;
la venía acompañando
la banderita española.

Mozas hay, mozos hay;
mozos hay en la Ribera;
haylos de media polaina,
haylos de polaina entera.

Qué noche aquella

A cantar a una niña,
a cantar a una niña,
yo la enseñaba,
y en cada nota un beso,
y en cada nota un beso
ella me daba.

Y aprendió tanto,
aprendió tanto;
aprendió muchas cosas
menos el canto.
A contar las estrellas,
a contar las estrellas
yo la enseñaba;
y en cada estrella un beso,
y en cada estrella un beso
ella me daba.
Y me decía,
y me decía,
por qué no habrá estrellas
también de día.
A nombrar las estrellas,
a nombrar las estrellas
yo la enseñaba;
y en cada nombre un beso,
y en cada nombre un beso
ella me daba.

Qué noche aquella,
qué noche aquella,
en que le di mil nombres
a cada estrella.
A cantar a una niña, (…)

Para qué me das pañuelos

Para qué me das pañuelos
que han venido de La Habana,
si me los vas a dar hoy
y me los quitas mañana.

Para qué me ha dado Dios
tanto amor para quererte,
si ahora para olvidarte
paso las penas de muerte.

Me arrimé a un pino verde

Me arrimé a un pino verde
por ver si me consolaba,
y el pino como era verde,
al verme llorar lloraba.

Tan chiquitita, tener amores…
y yo como no los tengo
me divierto con las flores.
Tan chiquitita, tener amores.

Tengo de ir a León

Tengo de ir a León,
a preguntarle al fiscal,
si por querer a una niña
tiene causa criminal.

Tengo de ir a León,
a la puerta de la Audiencia;
sólo por ver, penosita,
como sale tu sentencia.

A la una yo nací

A la una yo nací;
a las dos me bautizaron;
a las tres ya tuve amores;
a las cuatro me casaron.

A las cinco tuve un hijo;
a las seis lo bautizaron;
a las siete se murió
y a las ocho lo enterraron.

Quiero casarme con ella,
porque ella lleva en su cara
más besos que cien claveles,
la mantilla sevillana

Canta, canta, pajarito

Canta, canta, pajarito;
canta bien y canta fuerte,
que la cama de mi novia
está lejos y no siente.

Canta, canta, pajarito;
canta, que yo te daré
una gargantilla de oro,
que cantando la gané.

Pajarito barronqueño,
que en el pico llevas hilo,
dámelo para coser
mi corazón que está herido.

Pajarito, pajarito,
pajarito barronqueño,
qué bonitos ojos tienes;
lástima que tengan dueño.

¿Qué pajarito es aquel
que canta en aquella encina?
Anda dile que no cante,
que mi corazón lastima.

¿Qué pajarito es aquel
que canta en aquella higuera?
Anda y dile que no cante
hasta que yo no me muera.

Anduvístete alabando

Anduvístete alabando
que te quería y te quiero,
y ahora me alabo yo,
que te quería y te dejo.

Anduvístete alabando
que las tenías a pares;
calabazas y no mozas,
anda majo no te alabes.

Anduvístete alabando
que tienes y que tenías,
olivares en La Habana,
tierras en Andalucía.

Anduvístete alabando
que tienes la casa grande;
arrímate a las esquinas,
que no te la tumbe el aire.

Síguela, Manuel, síguela, Manueluca,

Cuatro cuernos de cabra,
cuatro de ciervo,
cuatro de mi marido,
son doce cuernos;
síguela, Manuel.

Síguela, Manueluca,
síguela, Manuel;
de noche por la luna,
y los luceros
del amanecer.

De noche, por la luna,
si vas a moras,
ten cuidao con las zarzas,
que son traidoras;
síguela Manuel…

Debajo de tu ventana tres arbolitos planté

Debajo de tu ventana
tres arbolitos planté;
toda la noche regando
por ver si florecen bien.

El primero es un manzano,
el segundo es un olivo,
el tercero es un esparcho,
atiende a lo que te digo.

El esparcho, que me aparto;
el olivo, que te olvido;
y el manzano, que me pesa
el tiempo que te he querido.

Si los árboles florecen
como floreció el querer,
florecerán mis cantares
cuando te vuelva a tener.

toé toé

A mí me lo ha dicho el cura
A mí me lo ha dicho el cura
y a mí me lo ha dicho el cura ,
y a mí me lo ha dicho el cura ,
que casarme con tu hermana
sería una sepultura
sería una sepultura.

Pa tu papá, pa tu mamá,
toé, toé, toé, torototó ,
toé, toé, toé, torototó
La condená de tu hermana
La condená de tu hermana
me ha traído dos negritos
me ha traído dos negritos:
uno pa que lleve el pato,
y otro pa que lleve el pito.
Pa tu papá …

Domingo de Rebeca

Domingo de Rebeca
cogí mi escopeta;
domingo de Lázaros
maté un pájaro;
domingo de Ramos
lo metí en ajos;
y domingo de Pascuilla
lo metí en mi barriguilla..

Reme, remendé

Tengo tres cabritillas,
ay, reme, remendé,
arriba, en la montaña,
ay, reme, remendé;
arriba, en la montaña,
airé, airé.

Una me da la leche,
ay, reme, remendé;
otra me da la lana,
ay, reme, remendé;
y la otra me mantiene
pa toda la semana,
airé, airé.