En el medio de la mar
hay una piedra labrada
con un letrero que dice:
¡Viva el valle de Laciana!
Vengo de hacer un reloj
de las hojas de un romero
para contar los minutos
del tiempo que no te veo.
El desengaño y el tiempo
son dos amigos leales
que despiertan a quien duerme
y enseñan al que no sabe.
Fuiste mi primer amor,
tú me enseñaste a querer,
no me enseñes a olvidar
que no lo quiero aprender.
