Estudié para ladrón,
me aprobaron la carrera,
lo primero que robé
fueron tus ojos, morena.
Sale luna, sale luna
de esos cielos son nublados
que quiero reconocer
los amores olvidados.
Yo no creo en tus palabras
menos que las escritures
porque pueden suceder
que de pensamiento mudes.
Voy a mudar de tonada,
cosa que mucho me alegra,
también los árboles mudan
de hojas en la primavera.
Para qué mandas tocar
las campanas al olvido
si sabes que no se apaga
fuego de amor encendido.
En el medio de la mar
hay una piedra labrada
con un letrero que dice:
¡Viva el valle de Laciana!
Vengo de hacer un reloj
de las hojas de un romero
para contar los minutos
del tiempo que no te veo.
El desengaño y el tiempo
son dos amigos leales
que despiertan a quien duerme
y enseñan al que no sabe.
Fuiste mi primer amor,
tú me enseñaste a querer,
no me enseñes a olvidar
que no lo quiero aprender.
La escalera de la vida
y hay que subirla despacio
que el que deprisa la sube,
no llega al segundo tramo.
Para qué pides a Dios
contra mí tanta venganza
si para matarme a mí,
la luz de tus ojos basta.
En el cielo manda Dios,
en el pueblo los alcaldes,
el sacerdote en la Iglesia
y en el baile los chavales.
Bien sé qué dices de mí
en público y en secreto,
yo de ti no digo nada,
todo lo guardo en mi pecho.
En la senda del querer
vamos caminando siempre
pero al fin todos caemos
en el hoyo de la muerte.
