Mujeres, niños y ancianos y toda la juventud,
escuchad un caso triste que ha ocurrido en Santacruz.
Habitaba en dicho pueblo una joven muy valiente
la cual con serenidad a un matrimonio dio muerte.

Esta joven andaluza llamada Aurelia Ortega
fue novia de Bernabé el cual abusó de ella.
Nada más que la vio encinta de tal modo la desprecia
que se casó con Leonarda la más amiga de Aurelia.

El día que se casaron quiso descargar su ira
ella estaba preparada para quitarles la vida
y sus padres que la vieron le dicen con buenos modos:
- No te pierdas, hija mía que no te faltarán novios.

Al verla de esa manera la encerraron en un cuarto
dándole buenos consejos mas todos salieron vanos.
Ella le responde airada: - ¿Para qué darme consejos?
Quiero que paguen muy pronto la burla que de mí han hecho.

Y por eso aquella joven se indignó de tal manera
que intentó de darles muerte tan pronto como pudiera.
El día doce de abril a las ocho de la tarde,
Aurelia con gran valor a su casa fue a matarles.

Esta joven se escondió en un rincón de la cuadra
hasta que los desgraciados se metieron en la cama.
Desde que ella comprendió que se habían acostado
armada con gran revólver subía con gran cuidado.

Al tiempo de abrir la puerta, se levantó Bernabé
mas ella como un león luego se echó sobre él.
Dos tiros le dio en el vientre, otro en el costado izquierdo
dando gritos de dolor sin vida cayó en el suelo.

Al oír esto su esposa empezó a pedir auxilios
mas cuando quiso ir la gente ya estaban los dos tendidos.
Dos tiros que le quedaron se los metió por las sienes
atravesados de balas los dos infelices mueren.

Al ruido de los disparos y a los lamentos de auxilio
todo el personal lloraba al presenciar aquel cuadro
de ver dos jóvenes muertos de quince días casados.
Bernabé por su desgracia de joven perdió sus padres
y estuvo con unos tíos hasta el día de casarse.

El día que se casó le entregaron buena hacienda
pero aquel pobre infeliz poquito disfrutó de ella.
La madre de Leonarda del disgusto que llevó,
a los ocho días justos de sentimiento murió.

No hubo necesidad de buscar a aquella joven
porque ella misma, sin miedo, al juez entregó el revólver
con acento lastimoso le decía: - Señor juez
por burlarse de mi honor he matado a Bernabé
y también he dado muerte a su esposa Leonarda
que por ser amiga mía me ha salido tan falsa
y con esto me despido de todos en general
ya oirán la sentencia el día del juicio oral.