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07/04/202428/12/2024 Cancionero Leonés -Cancionero de León, Cancionero Leonés

LA PEREGRINA

-- VAL DE SAN LORENZO
Camino de Santiago con grande halago
mi Peregrina la encontré yo
y al mirar su belleza con gran presteza,
mi Peregrina se hizo al amor.

Fue tanta la alegría que al alma mía
la compañía de su amor dio,
que en la oscura maraña de una montaña
mi Peregrina se me perdió.
Y mi pecho afligido, preso y herido
por esos montes suspiros dio.

En los prados y flores de mis amores
a los pastores les pregunté,
- ¿quién vio una morenita, peregrinita,
que el alma irrita con su desdén?

Por ver si mi desvelo halla consuelo
todas sus señas daré también.

Iba la Peregrina con su esclavina,
con su cartera y su bordón,
lleva zapato blanco, media de seda,
sombrero fino que es un primor.

Lleva rubio el cabello, tan largo y bello
que el alma en ello se me enredó,
es su frente espaciosa, larga y hermosa
donde Cupido guerra formó.

En la su fina ceja de oro madeja
su amor y el mío se aprisionó,
sus ojos y pestañas son dos montañas
donde dos negros hacen mansión.

Su nariz agilada no fue sonada,
y aunque al mirarla jamás obró:
es un cañón de plata que a todos mata
sin que ninguno sienta dolor.

Su boca tan pequeña y tan risueña,
Naturaleza pudo formar:
al decir “punto en boca” más me provoca
por no agraviarla quise callar.

Es su fina garganta la mejor planta
que en los jardines sembró la flor,
su pecho es el archivo donde yo vivo
preso y herido, muerto de amor.

Para pintar su talle bueno es que calle
pues su cintura será un borrón,
al entrar en el templo la encontré dentro
y mi peregrina pidió perdón.

La Peregrina-

CASTRILLO DE LOS POLVAZARES Audio Castrillo de los Polvazares

Camino de Santiago con grande halago
mi peregrina la encontré yo
y al mirar su belleza con gran destreza
mi peregrina se me perdió;
en mi pecho afligido preso y herido
por esos montes suspiros dio
y a las preciosas flores, de sus amores,
de estas manera les preguntó:
¿Quién vio una morenita, peregrinita,
que el alma irrita con su desdén
Por ver si mis desvelos hallan consuelo
todas sus señas daré también.
Iba la peregrina con su esclavina
con su cartera y su bordón
lleva zapato blanco media de seda,
sombrero fino que es un primor...

La Peregrina – Filiel

Cancionero de Filiel

Camino de Santiago con grande halago
mi "Peregrina" la encontré yo, y, al mirar su belleza,
con gran presteza mi "Peregrina" se hizo al amor.

Fue tanta la alegría que al alma mía
la compañía de su amor dio, que en la oscura maraña
de una montaña mi "Peregrina" se me perdió.
Y mi pecho afligido, preso y herido,
por esos montes suspiros dio.

En los prados y flores de mis amores,
a los pastores les pregunté:
"¿Quién vio a una morenita, peregrinita,
que el alma irrita con su desdén?"
Por ver si mis desvelos hallan consuelo
todas sus señas daré también.

Iba la "Peregrina", con su esclavina,
con la escarcela y su bordón;
lleva zapato blanco, media de seda,
sombrero fino que es un primor.

Tiene rubio el cabello, tan largo y bello,
que el alma en ellos se me enredó;
y en su fina guedeja, de oro madeja,
su amor y el mío se aprisionó.

En su frente espaciosa, larga y hermosa,
donde Cupido guerra formó, pronto se halló vencido,
preso y herido, mi amor que al suyo se coronó.

Sus ojos y pestañas son dos montañas
donde dos negros hacen mansión,
y, en arcos de Cupido, los atrevidos
presto disparan flechas de amor.

Su nariz afilada no fue sonada
y su mirada fama cobró,
es un cañón de plata,
que a todos mata
sin que ninguno sienta dolor.

Su boca, tan pequeña y tan risueña,
naturaleza pudo formar,
que al decir me provoca
mas, punto en boca,
por no agraviarla quiero callar.

Su barba es el archivo donde yo vivo,
preso y herido, muerto de amor,
es la que a ser proviene, sepulcro alegre,
cárcel divina y dulce prisión.

En su hermosa garganta, la mejor planta,
que en los jardines sembró el amor
y, al verla la azucena, aunque con pena,
de su hermosura se avergonzó.

Lo que cubre el pañuelo no me desvelo
para pintarla lo que no vi,
mas aunque enamorado
muera abrasado,
a su sagrado no me atreví.

Para pintar su talle bueno es que calle,
pues mi pintura sería un borrón.
¡Quién pudiese de Apeles tener pinceles
para pintarla con perfección!

Perdone tu hermosura si en la pintura
grosero ha estado mi dulce amor,
por haberte ofendido, a tus pies, rendido,
mi "Peregrina", pido perdón.

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