Una estrella peregrina,
con su clara y bella luz,
a los magos encamina
y los lleva al Rey Jesús.

De los Magos imitemos
la fe viva y el amor,
y como ellos hallaremos
al divino Salvador.

Con la estrella Dios nos llama
al establo de Belén,
y en deseo nos inflama
de buscar al Sumo Bien.

Quiso Dios premiar su celo
su ardiente caridad
con llenarlos de consuelo
e inefable suavidad.

Dios nos llama con su sangre,
no queramos resistir,
si en la más fatal desgracia
deseamos no incurrir.

Caminemos cada día
tras la estrella de la fe,
con quine la tomó por guía
engañado nunca fue

Con fervor los santos Reyes
se disponen a marchar;
y aprender van nuevas leyes
y otro modo de reinar.

Cada cual le da un tesoro
con humilde devoción:
mirra pura, incienso y oro,
engañado nunca fue.

Una estrella muy hermosa
vino anunciando el camino,
y los tres Reyes Magos
adoran al tierno Niño.

Con este himno divino
termina este cantar
y las dulces Navidades
que se terminaron ya.