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El veintiuno de marzo       
comienza la primavera,
ya abotonan las encinas
y florecen las riberas.
Había un pastorito
guardando las sus ovejas,
fue un corazón y le dice:
—Vete pa casa y no vuelvas,
tienes la mujer solita
te está haciendo mil ofensas.
Deja las estrechas sendas
coge los anchos caminos,
deja el caballo que corre
coge la mula que vuela
y a la entrada del lugar
tu casita es la primera.
La puerta estaba cerrada
la que siempre estaba abierta,
preguntó y a las vecinas
que dónde está la su Manuela.
Unas dicen que está dentro
otras dicen que está fuera
y otras dicen que la han visto
con un galán a la puerta.
Con el puñal que llevaba
un buraco hizo a la puerta,
primero metió los pies
luego metió la cabeza
y el caballo que no pudo
se lo ha dejado a la reja,
le ha dado paja y cebada
para que se entretuviera.
Iremos a la cocina
por ver lo que había en ella
estaba el niño y la niña
jugando y a las rayuelas.
—Dime tú, corazoncito,
dime, dónde está tu madre?
—Señor, no sé decirle a usted,
si fue a en casa de su madre.
Iremos a la habitación
por ver lo que había en ella,
lo primero que se ve
un zapato y una media.
—Este zapato no es mío
ni tampoco esta media,
que las mías eran de lana
y estas son de rica seda.
Un poquito más alante
un candelero con vela.
—Esta es señal de difuntos
que nos alumbran con vela.
Subiremos a la alcoba
lo primero que se ve,
estaba el galán y la dama
durmiendo y a pierna suelta.
Coge el galán por la mano
tres puñaladas le dio,
tres puñaladas le dio
tres puñaladas le diera.
—Y ahora vamos a la dama
que el galán seguro queda
y si no queda seguro
le cerraremos la puerta.
Dímelo tú, perra ingrata,
dímelo tú, ingrata perra,
¿qué mal te he hecho yo
pa que me hagas mil ofensas?
Si lo hacías por comer
vino había en mi bodega
y si no te bonda eso
la de mi padre está llena.
Si lo hacías por beber
vino había en mi bodega
y si no te bonda eso
la de mi padre está llena.
Si lo hacías por marido
verme escrito una esquela,
que te encontrabas enferma,
aunque nunca lo estuvieras.
Y coge el niño en tus brazos,
dale la leche postrera.
—Malos demonios te lleven,
que yo la leche le diera.
—Ya hace la confesión
si no quiés morir sin ella.
Y al decir yo pecador
el corazón le atraviesa.
Y aquí termina el relato
sacado por un pastor,
que lleva las pieles puestas
que las compró en Villalón.
Y aquí termina el relato
sacado por un pelele,
que lleva las pieles puestas
que las compró en Algadefe.