Una moza labradora
y he de elegir por mujer,
donde yo ponga el arado,
ninguno lo ha de poner.
Quiero una mocita
de estas labradoras
con el pie chiquito,
pantorrillas gordas,
con gracioso talle,
fresco, seductor,
las piernas más bellas
que una coliflor.
No me digas más adiós
que es una palabra triste,
corazones que se quieren
nunca deben despedirse.
Quiero una mocita…
El primer amor que tenga
y ha de ser un labrador
que esté arando en su tierra
resplandezada como el sol.
Cariño mío,
por la mañana,
los labradores,
van a laralá,
van a laralá,
los mis amores,
el primer surco,
ramo (riegan) de flores.
En mi pueblo hay la costumbre
de parar a medio baile
y yo porque no se pierda
también quiero que se pare.
Los labradores,
en el invierno,
pasan la vida
casi durmiendo,
casi durmiendo
(…),
siegan (…),
cogiendo el grano.
Donde quieras que tú vayas,
yo te he de seguir los pasos,
y si estás enamorada,
no me tengas engañado.
– Sosas de Laciana

