Dónde vas, Alfonso XII?

Muerte del príncipe don Juan

Versión de Candín

Don Juan iba a la caza, no cazó como solía;
en el medio del camino la muerte lo perseguía,
el caballo le cansó y el perro cansado iba.
Don Juan volvió para casa, más triste que no solía.
Llamaron siete doctores, de los mejores que había;
todos le eran a decir: "Ese mal de usted no es nada".
Aún falta por venir otro doctor de la Altava,
que trae el veneno en un dedo y en la lengua se lo echara.
Todos le eran a decir: "Ese mal de usted no es nada"
no siedo el más chiquitín, que de esta manera le habla:
Confésese usted, don Juan, y administre sua alma;
tienes tres hora de vida, una y media ya pasada
y esta es para despedirse de la gente de mi casa.
Yo no siento la mi muerte, aunque la vea cercana,
lo que siento es a mi esposa, que joven y encinta estaba.
A súa esposa, don Juan, hágale una buena manda.
--Yo, mientras mis padres vivan, no le puedo mandar nada,
no siendo un anillo de oro que le di de enamorada.
Si usted se lo dio de oro, yo se lo he dar de plata.
Estando en estas palabras, Berenguenia se llegara.
¿Dónde veis, bien de mi vida, dónde veis, bien de mi alma?
Vengo de San Salvador, de oír misa cantada;
descalcita de pie y pierna, del cabello esmelenada,
le rogara a Dios del cielo que te saque de esta cama.
Salirei, bien de mi vida, salirei, bien de mi alma,
salirei, bien de mi vida, el lunes por la mañana;
verásme llevar a cuatro en un tablero de tabla,
las tablas serán de pino y las sábanas de holanda;
hallarás las calles tristes y las tus puertas cerradas,
los deudores a la puerta pidiéndote las fianzas,
te las fiará mi padre, porque de eso ya quedaba.
Estando en estas palabras, Berenguenia se desmaya;
ni con agua, ni con vino pudieron resucitarla.
Sácanle el nene del vientre, parece un rollo de plata;
se lo llevan a su padre, que la bendición le echara.
La bendición de Dios, hijo, la bendición de Dios valga;
tu madre ya se murió, tu padre expirando estaba.

Muerte del príncipe don Juan
Versión de Chano

Muy malo se halla don Juan, muy malo se hallaba en cama;
mandan llamar siete doctores, los más entendidos de España.
Unos le miran el pulso y otros le tentan la barba,
y, por no darle más pena, todos dicen que no es nada,
sino el doctor más viejo, que todo lo mira y calla.
Qué me dice usted, doctor, que todo me mira y calla?
Lo que te digo, don Juan, que despongas bien tu alma:
tienes tres horas de vida, hora y media ya va enviada,
hora y media que te queda, para desponer tu alma.
Bien lo oyera el rey su padre de altas torres donde estaba.
¿Qué te pasa, hijo mío, qué te pasa en esa cama?
¿Qué quiere que me pase, padre?, las cosas que Dios nos manda.
Lo único que le encargo es a mi esposa doña Juana;
de todo lo que le dejo, padre, no le quite nada,
si no fueran unos anillos de oro que le di de enamorada.
Si tú le diste unos de oro, yo le daré dos de plata.
Estando en estas razones, entró la niña a la sala.
¿De ónde venías, mi bien, regalo y bien de mi alma?
Vengo de Santo Domingo, de oír misa en Santa Clara,
de rogar a Dios del cielo que te saque de esa cama.
Ya me sacará, mi bien, regalo y bien de mi alma,
ya me sacará mi bien, el lunes por la mañana,
con los curas a la puerta diciendo que salga, salga;
tú te hallarás aburrida, te hallarás desesperada,
tus ventanas tristes, tus puertas cierradas.
No tengas pena, mi bien, regalo y bien de mi alma,
no tengas pena, mi bien, que 'a quedas bien encargada.
Le diera un fuerte accidente, la niña cayó esmayada.
Él murió a media noche, la niña por la mañana.
Los enterraron los dos
en una caja de pino, n'unas sábanas de holanda.
Aquí se acaba la estoria, aquí se acaba, se acaba,
aquí se acaba la estoria de dos amantes del alma.
Las campanas de aquella capital de tal en tal se tañían






Tristes nuevas, tristes nuevas, qué se cuenta por la España?
Que el caballero don Juan está malito en la cama;
siete doctores le asisten, de los mejores de España,
y todos son a decirle que es un mal que no era nada.
Ellos que estaban en esto, entra el doctor de las almas,
el que nos sabe juzgar las obras buenas y malas.
-lDónde vienes tú, mi esposa, dónde vienes tú, mi esclava?
-Vengo de San Salvador, de oír la misa rezada,
y a Dios le pido de veras te levantes de esa cama.
-Sí me levantaré, esposa, sí me levantaré, esclava;
y antes del amanecer, y antes de rayar el alba,
verás mi cuerpo tendido pidiéndote una mortaja;
verás el cura a la puerta, los cófrades con las hachas,
me verás echar al hombro, me verás salir de casa,
me verás tapar con tierra, tú te volverás po casa,
verás mis hijos llorando, y no adelantarás nada.
Y esto es la triste vida que un pobre labrador pasa.
caballero don Juan, está malito en la cama;
siete doctores le asisten, los mejores de lo España.
Unos dicen que se muere, otros dicen que no sana,
y otros por complacerle, le dicen que no es nada.
Villamuñío
ATO_00419_02
AUDIO Villanueva que se cuenta por España
Villanueva, Villanueva que se cuenta por España
Villanueva
TrackATO_00114_09
Record ID (ATO)114
audio EL GANSOAquí vienen los tres reyes, los tres hijos del rey Baldo
El Ganso

Don Manuel y el moro Muza

Don Manuel y el moro Muza

Versión de Chano 

--De cara miro a Sevilla, de cara miro a Granada.
¡De esa ciudad de Burgos vengan tres y vengan cuatro,
venga ese don Manuel que es gran hombre de a caballo!
Bien lo oyera don Manuel, de altas torres ha bajado.
¡Aprisa, aprisa, la ropa y aprisa, aprisa el calzado,
y aprisa, aprisa, la silla para ensillar el caballo!--
Cuando se estaba vistiendo la sangre le caía a arroyo
de las heridas viejas que aún no le habían curado.
Cuando llegó al campo
allí estaba el mal moro, que lo estaba esperando.
¿Quieres pelear a pie, a pie o a caballo?
A pie no, perro moro, a pie no, que estoy malo.
Tira el moro la su lanza,
don Manuel, como es ligero, muy pronto se desviara.
Tira don Manuel la suya, la tiró como arrabiando;
le cortara pecho y brazo y el gabardón del caballo.
Le cortara la cabeza y al buen rey se la ha llevado.
Aquí le traigo, buen rey, aquí le traigo un regalo:
la cabeza del mal moro que le venía desafiando.
Muchas gracias, Manuel,
de tres hijas que yo tengo una andará a tu mandado.

Predicción de la muerte del rey don Pedro

Versión de Viadangos de Arbas 

Por los campos de Montiel
a caza va el rey don Pedro,
con su venado en la mano
y una trailla de perros.

(Y luego se encuentra con un pastorcillo y le dice:)

Morirás a puñaladas,
morirás, el rey don Pedro,
que mataste sin piedad
los mejores de tu reino;
mataste a tu propio hermano,
a Dios darás cuenta de ello.

ROMANCE

Muerte del maestre de Santiago

Versión de Villar de Acero

Día de todos los Reyes, primera fiesta del año,
todas damas y doncellas al rey piden aguinaldo,
a no ser doña María, que a la puerta se ha quedado.
-¿Qué pides, doña María, qué pides por aguinaldo?
-Yo lo que pido, buen rey, que me ha de ser otorgado,
si ‘o pedía la cabeza del maestro de Santiago.
-Las cabezas de hombres buenos no se dan por aguinaldo.
-¡Aprisa, aprisa, mis criados, y aprisa van degollarlo!
-Le han cortado la cabeza y a María la entregaron.
María, c’aquella rabia, a los perros la ha tirado.
Los perros, con ser perros, la llevaron al sagrado;
con las patas, sepultura, con la boca, la enterraron.
ATO_00025A_28 AUDIO HORNIJA, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00025A_28_-_La_muerte_del_maestre_de_Santiago.ogg
Hoy es el día de los Reyes, un día muy señalado,
y entre damas y doncellas, el rey pedía aguinaldo:
—No pido oro ni plata, ni tampoco el aguinaldo,
solo pido la cabeza del mayestro Santiago.
—Se nos dan o no nos dan, eiquí no nos deteñan,
que te’mos muito cantar, de por vida baila della,
de por vida baila dél, juntamente con él van.
ATO_00114_10 AUDIO EL GANSO https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fundaci%C3%B3n_Joaqu%C3%ADn_D%C3%ADaz_-_ATO_00114_10_-_La_muerte_del_Maestre_de_Santiago.ogg
… fiesta del año

El moro que reta a Valencia

Versión de Guímara

Allí viene un perro moro a todos desafiando,
ya tiene los dientes romos de morder a los cristianos.
–¡Oh Valencia, oh Valencia !
primero fuiste de moros que de cristianos ganada,
y mañana a esta hora serás de moros tomada.
Ese rey el gran vesir . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
le he de cortar la cabeza, le he de tirar por la barba,
y su hija doña Antonia ha de ser mi enamorada,
y su mujer doña Juana tiene que hacerme la cama.

–Bien lo oyera el rey gran vesir de altas torres donde estaba.
–Antoñita de mi vida, Antoñita de mi alma,
ese moro que ahí viene deténmelo de palabra,
las palabras sean pocas, pero de amores cercanas.
–¡Ay padre de la mi vida, ay padre de la mi alma!,
yo de eso nada sabía, yo de eso no sé nada.–
–¿Quién es ese caballero que pasaba y no me hablaba?
Si no fuera por un poco, me arrojo de esta ventana:
–Arrójese, la señora, yo la cogeré en mi capa.
–¿Qué traía, el caballero, pa regalar a la dama?
–Yo traigo un anillo de oro en la punta de mi lanza;
mujer que tenga este anillo nunca morirá encintada,
hombre que tenga esta espada nunca morirá en campaña.
–Siete años había, siete, que por ti no me peinaba.
–Otros tantos hay, señora, que por ti no quito barba.
¿Me lo dice de mentira o lo armas de maraña?


El moro que reta a Valencia
Versión de Chano

--De cara miro a Valencia, de cara miro a Granada,
de cara miro a Valencia, ¡oh, Valencia valenciana!,
primero fuistes de moros que de cristianos ganada;
antes de mañana a estas horas, de moros seréis tornada.
Ese rey don Cibre lo he de arrastrar por la barba;
su hija María Antonia ha de ser mi enamorada;
su mujer doña Jemena es la que hace la cama.
-Antoñica de mi vida y Antoñica de mi alma,
ese moro que ahí viene detenéimelo en palabras;
las palabras sean pocas, pero de amores cercana.
--Dígame usted, (padre,) algo de amores que 'o de amores no sé nada.
--¿Quién es ese caballero que pasaba y no me habla?
Hay siete años para ocho que 'o por él no me peinaba.
--Otros tantos hay, señora, que 'o por usted no quité barba.
--¿Y qué traía el galán pa regalar a la dama?
--Un anillo en la punta de su lanza,
que hombre que lo tuviera nunca morirá en campaña
y mujer que lo tuviera nunca morirá encintada.
Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba.
--Los caballos del rey mi padre, que relinchan por la cebada.
--Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba.
--Las armas del rey mi padre, que un chico las meneaba.
--Mucho estruendo hay, señora, en que su palacio andaba.
--Anda, moro, y vete y no me digas que soy falsa,
que el traidor del rey mi padre ensillaba y encabalga.
--Tanto le doy que ensille como que encabalga,
si él no tiene caballería que alcanz' a mi yegua baya,
28 si no fuera un potrozuelo moro que se perdió por esta montaña.
--Ese potrozuelo moro mi padre le da cebada.--
Deja los caminos anchos y se va por las aradas.
Pega voces al barquero que le prepare la lancha.
El barquero, como amigo, muy pronto la preparara.
Donde Baya saca el pie, Babieca mete la pata.
--¡Oh, qué malo es el hijo que a su madre maltrataba!
--¡Oh, qué mala es la madre que a su hijo no le aguarda!
--No tengo miedo a la muerte, aunque la veo cercana,
ni tengo pena por mi esposa, anque me queda embarazada,
no siento más por mi yegua baya, que me queda entre cristianas.

El moro que reta a Valencia 
Versión de Trascastro

--¡Oh Valencia, oh Valencia, oh Valencia valenciana!,
antes fuestes de moros que de cristianos ganada,
y mañana, a estas horas, de moros serás cercada.
Y a ese señor rey Guil le he de arrastrar por la barba,
y su esposa doña Inés nos tendrá que hacer la cama.
--Vete, vete, Antoñica,detéme ese caballero, detémelo con palabras,
--¿Quién es ese caballero, que pasaba y no me hablaba?
10 Van siete años para ocho, que por él no me peinaba.
--Otros tantos van, señora, no quito pelo ni barba.
¿Qué es ese ruido, señora, que por su palacio anda?
--Son los pajes del rey mi padre que están echando cebada.
Y ese caballero que ahí va, ¿no lleva nada para dar a esta dama?
--Sí, llevo un anillo en la punta de mi espada;
el hombre que lo tuviera nunca morirá en campaña,
y la mujer que lo tuviera nunca morirá encintada.
¿Qué es ese ruido, señora, que por su palacio anda?
--Anda, marcha, perro moro, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
que . . . . . . . . . . . . mi padre ya encinchara y engalvara.
--Déjalo que encinche, encinche, déjalo que engalve, engalve,
que a mi yegua no hay n'el mundo caballo que la alcance;
nada más que un potrezuelo que lo perdí en la campaña.
--Ese potrezuelo, moro, mi padre le da cebada.
--Donde la yegua quita el pie, el potro pone la pata.
El moro da voces al barquero que le prepare la barca.
Y el barquero, como amigo, la tenía preparada.
--¡Oh mala ye(n)a sus hijos que a su madre maltrataban!
--¡Oh mala ye(n)a sus madres que a sus hijos abandonaran!

El moro que reta a Valencia 
Versión de Cabornera


Velo, velo viene el moro, ya viene por la calzada,
viene tirando a los bolos, viene jugando a la barra.
--¡Oh Valencia valenciana, del mal fuego seas quemada,
primero has sido de moros que de cristianos ganada!
--Hija de mi alma, asómate a esa ventana
y ese moro que ahí viene entreténmelo en palabras,
mientras ensillo a Babieca y aguzo la azagaya.
--Bien venido seas, morico. --Bien hallada, la cristiana.
--Siete años diba, morico, que mi pelo no peinaba.
--Otros tantos, la señora, que mi barba no quitaba.
--Si no fuera por matarme, me arrojaba 'esta ventana.
--Arrójese, la señora, que la pararé en mi capa.
--Marcháte, moro, marcháte, no te digas que soy falsa,
que está ensillando Babieca y aguzaba la azagaya.
--No me da más que la agucen, que la dejen de aguzar,
que un caballo que yo tengo ninguno le ha de alcanzar,
no siendo un hijo suyo que por estas tierras no sabe andar.



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La condesa de Castilla traidora

 Versión de Villanueva de la Tercia 
.
Muy malo estaba don Sancho, muy malo en la cama enfermo;
los dotores vienen a verlo, y eran ángeles del cielo:
--Hoy vas a morir, don Sancho, con un vaso de veneno;
te lo va a traer tu madre, que te lo está componiendo.
--Estando en estas razones, la madre llegó con ello:
--Toma este vaso de agua, te lo traigo compuesto.
--Bébalo usted, mi madre, que no tengo gana de ello;
en caso que no lo beba, llévelo usted al aliento.
--Mas apenas lo llegó, cayó difunta n'el suelo.
--Mandaré cartas a España de esta manera diciendo:
"Donde quiera que hay mujeres, beban ellas primero".
¡Válgame el señor San Juan, válgame el señor San Pedro!

Penitencia del rey don Rodrigo-El robo del sacramento ROMANCERO

-Me acuso de haber matado a mi hermano;
la mitad la comí yo, la mitad la eché al caballo.
-Padre mío, no se asuste, que aún no es el mayor pecado:
He entrado en una iglesia, robé un cáliz consagrado;
he dado tres puñaladas a Jesús sacramentado . . .
Bajó una voz del cielo, estas palabras decía:
«Que le den la penitencia que tenía merecida».
-Métase usted en la boca una velita encendida.
-Padre mío, eso es muy poco pa lo que yo merecía.
-Métase en una cueva donde hay siete culebras,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .siete cabezas tenía,
con las siete le picaban, con las siete le mordían. (Villamuñio)



¡Oh! Virgen de los Remedios, cómo no tienes cuidado
Fundación Joaquín Díaz – ATO 00420 27 – El robo del sacramento + la penitencia del rey don Rodrigo.ogg


Penitencia del rey don Rodrigo.-Robo del Sacramento
Versión de Las Médulas

--Dímelo, buen ermitaño, por Dios y Santa María,
si hombre que con mujer peca, si Dios lo perdonaría.
--Non siendo primera hermana, Dios se lo perdonaría.
--Ésa fue, buen ermitaño, ésa fue desgracia mía.
--Si te quieres hacer vela, yo pávilo te pondría.
--Yo non me quiero hacer vela, que luego me quemaría.
--Si te quiés meter n'un horno, yo leña le metería.
--Yo en un horno, non, señor, que luego me quemaría.
--Si te quiés meter n'un arca con una serpiente viva,
con siete picos picaba, con siete bocas comía.
--Yo en el arca, sí, señor, que eso es lo qu'ió merecía.
--El bueno del confesor a verlo iba cada día:
--¿Cómo te va, penitente, penitente aventajado?
--Vaime mal, que la culebra a mis carnes no ha llegado.
--¿Cómo te va, penitente, penitente aventajado?
--Vaime bien, que la culebra a comerme ha comenzado;
ha comenzado a comerme por onde más he pecado.

Penitencia del rey don Rodrigo 
Versión de Pereda de Ancares

Ahí arriba en aquel alto, n'aquella sierra montina,
donde cae la nieve a copos y el agua serena y fría
habitaba un armitaño que vida santa facía.
Pasó por allí un penitente, si confesarlo podía:
si el andar con las mujeres perdón de Dios tendría.
--Perdón de Dios sí lo tienes, no siendo hermanas o primas.
--¡Ay triste de mí, cuitado, eso es lo que yo tenía;
estropié a una hermana e hice parir una prima!
--Váyase usté, el penitente, confesarlo no podía.
--Bajó una voz del cielo que estas palabras decía:
--Déle usted la penitencia según él la merecía:
el meterlo en una cueva con una serpiente viva.
--El armitaño era bueno, tres veces lo ve al día.
De la cintura pa abajo ya comido lo tenía,
de la cintura pa arriba muy luego lo comería.
¡Válganos Nuestra Señora y la sagrada María!

Penitencia del rey don Rodrigo-Robo del Sacramento
Versión de Guímara

Cuando me parió mi madre, me parió en alta montina,
donde cae la nieve a copos, agua menudita y fría,
donde canta la culebra, la serpiente respondía.
Allí había un ermitaño que él hacía santa vida:
--Confiéseme, el ermitaño, confiéseme, por su vida.
Diga, diga, el ermitaño, dígamelo, por su vida:
el que tiene que ver con mujeres, si tiene el alma perdida.
--Él perdida no la tiene, si no es con hermana o prima.
--¡Ay de mí, triste y cuetado,
de la prima tengo un niño y de la hermana una niña!;
confiéseme, el ermitaño, confiéseme, por su vida,
y déme la penitencia a sigún la merecía.
--Confesar, confesaréte, pero yo no te ausolvía.
--Estando en estas razones, bajara una voz de arriba:
--Confiéselo, el ermitaño, confiéselo, por su vida,
y déle la penitencia a sigún la merecía
.--Le metió en un calabozo con una serpiente viva;
la serpiente es muy feroz, siete cabezas tenía,
y la más pequeña de ellas era el que más le comía.
L'ermitaño, compasivo, tres veces lo ve al día:
una va por la mañana, otra iba al mediodía,
otra va a la media noche, cuando la gente dormía:
--¿Cómo te va, el penitente, con tan buena compañía?
--A mí me va bien, señor, mejor que yo merecía,
que de medio cuerpo abajo ya comido me tenía
y de medio cuerpo arriba luego me principiaría;
si me quiere ver la muerte, traiga una vela encendida.
--Aprisa llegó el ermitaño, el penitente ya morira.
Las campanas de aquel pueblo de par en par se tañían
por el alma del penitente, que para el cielo camina.
¡Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María!

Penitencia del rey don Rodrigo 
Versión de Villasecino

--Por Dios te pido, ermitaño, por Dios y Santa María,
que me confieses a este hombre que llevo en mi compañía.
--Confesar, confesárele, absorverlo no podría,
que mató a siete doncellas y una hermana que tenía.
Yo le doy tres penitencias, la que él más cumplir qüería:
¿Quieres meterte en el horno?, la leña yo la pondría;
si quieres hacerte pábilo, la cera yo la pondría;
¿quieres meterle en la tumba con una serpiente viva?
--Yo me meteré en la tumba con mi buena compañía.--
Si es serpiente o no es serpiente, siete cabezas tenía;
con todas siete picaba, con todas siete mordía.
El bueno del ermitaño tres veces lo visita al día:
una vez por la mañana, otra vez al mediodía,
otra a la medianoche cuando la sierpe dormía.
--¿Cómo te va, penitente, con tu buena compañía?
--A mí me va bien, señor, que yo así lo merecía:
de la cintura pa abajo sólo lo huesos tenía;
ahora me va a las entrañas, que era lo que más sentía.
--Al otro día por la mañana las campanitas tocaban a alegría,
que el alma del penitente para los cielos camina.

Penitencia del rey don Rodrigo 
Versión de Láncara, Murias de Paredes, comc. Luna,

Don Rodrigo estaba malo, cama de rosas tenía,
la Muerte a la cabecera, ¿qué será o qué sería?
--Es la Muerte, don Rodrigo, que a buscarte venía.
--Esa Muerte me ha dejar año y medio más de vida.
--No te deja, don Rodrigo, hora y media no cumplida.
--Al cumplirse la media hora, el confesor pa allá diba.
--Ahí quedas, penitente, con una serpiente viva.
--¿Cómo te va, penitente, con tan mala compañía?
--La compañía buena era, mejor que la merecía.
El que quiera ver mi muerte traiga una vela encendida.
¡Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María!

Penitencia del rey don Rodrigo-El Enamorado y la Muerte 
Versión de Cabornera

Estando yo en la mi cama, despierto, que no dormía,
miré para atrás y vi la Muerte en mi compañía:
--Preguntarte quiero, Muerte, yo preguntarte quería,
los que andan amancebados ¿tienen el alma perdida?
--El alma perdida, no, si no es con hermana o prima.
--¡Ay de mí, pobre cuitado, pequé con hermana y prima!--
Confiésalo a un confesor por ver lo que le decía.
Y el confesor le contesta que absolverlo no podía.
Bajó una voz dolorosa, que de los cielos venía:
--Déle el castigo, señor, según él lo merecía;
mételo en un calabozo con una serpiente viva.--
La serpiente era tan grande que siete bocas tenía,
con todas siete picaba, con todas siete mordía.
El bueno del carcelero tres veces va a verlo al día:
una iba a la mañana y otra iba al mediodía,
y otra iba por la noche cuando la gente dormía.
--¿Qué tal te va, penitente, qué tal te va, por tu vida?
-A mí, bien, gracias a Dios, según yo lo merecía:
ya me llega a las entrañas, que era lo que más sentía.

Penitencia del rey don Rodrigo-Robo del Sacramento 
Versión de Nocedo de Gordón

Por unas vegas abajo, por unas vegas arriba,
se pasea un ermitaño que hacía su santa vida:
--Por Dios te pido, armitaño, por Dios y Santa María,
que me cuentes la verdad y me niegues la mentira:
si el que duerme con mujeres tiene el alma perdida.--
El armitaño le responde: --En no siendo hermana o prima.
--Esa fue la mi desgracia y ésa fue la mi desdicha,
que dormí con una hermana y también con una prima
--Oyó una voz dolorosa que de los cielos venía:
--Confiésale, el armitaño,
y dale la penitencia según él la merecía:
Mételo en un calabozo con una serpiente viva.
--La serpiente era tan brava que siete bocas tenía,
14 por todas siete picaba, por todas siete mordía.
El bueno del armitaño esta devoción tenía,
que lo iba a vesitar tres veces todos los días:
una diba a la mañana, otra iba al mediodía
y otra ya iba a la noche mientras la gente dormía.
--¿Cómo te va, el penitente, con tu mala compañía?
--De la cintura pa abajo una miaja no tenía;
si me quieres ver morir, trae una vela encendida,
que ahora me va al corazón, que era lo que más sentía.
--Y al decir "Señor, pequé" el corazón le partía.